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¿Todavía están perplejos después de ver cómo Lionel Messi, funcionando “a lo Pelé”, convertía lo complejo en algo tan fácil, con toques de magia pura, dando la impresión de haberse escapado del Bolshoi, o del Circo del Sol? Los entiendo. No hay manera de evitar el asombro.

El Barcelona, equipo audaz y genial, se mostró ayer de cuerpo entero con toda su lucidez, jefeado por ese fantasioso Lionel Messi sacado de las páginas de las Mil y una Noches, aproximándose a la mejor versión del Rey Pelé que podamos recordar. Con dos goles artísticos de Messi, uno de Pedro y otro de Bojan por apagarse las luces, el temido equipo catalán, trituró al Stuttgart 4-0, y avanzó a los cuartos de final en busca de defender con ese excedente de destreza que lo caracteriza, su más preciado botín, el título de la Champions.

Messi estuvo tan brillante, que tres de sus mejores gestiones, sacadas del catálogo de Pelé, quedaron en “casi goles”. La primera, el estupendo cabezazo hacia abajo “cazando” ese centro dibujado magistralmente por Alves al minuto 68, provocando la atajada milagrosa del arquero Lehman, con una zambullida hacia su izquierda merecedora de medalla olímpica. Nos hizo recordar a Pelé, elevándose majestuosamente sobre aquel pase aéreo de Jairzinho frente a Inglaterra en Guadalajara durante el Mundial de 1970, clavando un cabezazo hacia abajo, junto al poste derecho, que debió ser mortífero si Gordon Banks no realiza, en contorsión espectacular exhibiendo reflejos de gato, la considerada mejorar atajada de las Copas.

La segunda, en el minuto 71: se escapa Alves, envía el centro hacia el punto de penal, y aparece Messi en pantalla con dos escoltas. Se levanta, se encoge ligeramente, y doma el balón con ese colchón que oculta en su pecho, como un escultor lo hace con el yeso. Su remate mientras el esférico cae, es bloqueado a tiempo y desviado. Cualquier parecido con Pelé frente a Francia o Suecia en el Mundial de 1958, entrando al área con ese atrevimiento que le proporcionaban sus casi 17 años, dominando la pelota y bajándola para sacudir las redes, es pura coincidencia.

La tercera, a los 85. Messi serpentea por el centro con esa maestría y seguridad que no se consigue Oxford, se filtra, desequilibra, y dispara con esa zurda prodigiosa, pero la pelota, igual que con Pelé en una de sus tantas maniobras frente a Checoslavaquia en México 70, sale junto al poste izquierdo.

¡Qué inmenso estuvo Messi ayer! Seguramente Pelé se levantó de la butaca cuando vió ese remate de zurda entre cuatro defensas, con una pulcritud de pincelazo trazado por Dalí, abriendo el marcador a los 13 minutos, y luego a los 60, con Pedro desplazándose por la derecha, retrasa para Alves que de inmediato, hace conexión con Messi, y otra vez, el acto de magia, girando, consiguiendo el perfil, y sin perder tiempo, apretando el gatillo fuera del área con precisión de cirujano manejando el bisturí, para el 3-0.

Ganó el Barcelona 4-0, pero el show fue Messi. ¿Todavía están perplejos? Los entiendo. Pelé también lo está.