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Toda hazaña es producto de un arduo trabajo, y Julio Vallejos sabe eso desde los 12 años, cuando siguiendo el consejo del gran activista del béisbol leonés Marvin Munguía decidió ser jugador de béisbol. No inició como catcher sino como rigth fielder, pero una lesión del receptor Salvador Vanegas del León, propició que se descubriera el gran talento que hasta entonces estaba oculto.

“Fue un momento inolvidable que estará en la historia de mi vida pero debo decirte que Óscar Gómez es un gran lanzador que ha venido progresando bastante. Logré conectarle hacia el central y se dio el hit mil, un hit que más allá de lograr la hazaña se lo debía a Dios, porque yo tuve serios problemas personales para regresar al béisbol. Le agradezco también a mi familia que siempre ha estado conmigo”, dijo Vallejos visiblemente emocionado.

“Se había hecho difícil el hit 1000, yo sabía que iba a salir pero había una preocupación mayor en el aspecto colectivo del equipo por la posición que ocupa. Ahora el momento estaba propicio porque Óscar Gómez no me podía dar bola mala con el conteo 3 y 2, y el juego empatado. Fue un gran día.”

Cuando finalice la temporada “Germán Pomares 2010” Vallejos colgará los spikes. “Ésta es la última temporada, no hay vuelta atrás. No tengo una empresa de qué vivir pero tengo a Dios en mi corazón para salir adelante”.

¿Te desligás por completo del béisbol o al igual que otros ex -jugadores pretendés dirigir algún equipo?
Difícilmente podría estar como entrenador. Sí me gustaría ser manager, por la posición que he jugado, he estado metido mucho en el juego, las señas y todo eso, pero voy a documentarme bien para aprender más, de los errores y de las cosas buenas que en 22 temporadas he visto, sé que debo prepararme mucho”.

Un momento importante para él fue ser nombrado “Mejor receptor defensivo del Mundial de 1994 -Nicaragua Más Amiga-”.

¿En 22 años de trayectoria, el pitcher más difícil?

“No existe otro como Epifanio Pérez. Tuve la dicha de recibirle a grandes tiradores como Vicente Padilla, Omar Varela y Orlando Cuevas, que tenían un inmenso poder, con rectas más rápidas que las de Epifanio, pero él tenía algo especial, era tan difícil que la bola tendía a movérsele mucho y muy pesada la bola. El pitcher más incómodo, que me molestaba la mano, fue sin duda Epifanio Pérez”.