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¿Será un Erik Morales desgastado, quien no pelea desde el mes de agosto del 2007, saliendo de un retiro que parecía definitivo, un rival de mayúscula exigencia para el potente pegador pinolero, José “Quiebra Jícara” Alfaro, que busca un resurgimiento?

Cierto, la experiencia juega, pero cuando los músculos se han adormecido aún teniendo 33 años, y tus cuatro últimas peleas han sido derrotas inobjetables, siendo sometido a fuertes golpeos --una con Zahir Raheem, dos frente a Manny Pacquiao, y la última doblegado por David Díaz-- esos tres años de retiro, durante los cuales no necesitaste cuidarte físicamente, impiden entrar en cálculos serios sobre tus posibilidades. Es terrible, pero Erik Morales debe saberlo tan bien como usted y yo.

Así que Alfaro, que tiene un punch tumba paredes, necesita sacar del baúl toda la fiereza necesaria para no darle tregua a Morales, y poder mostrarnos una fotocopia de aquella agresividad que abrumó, ablandó y destrozó a DeMarcus Corley, en lo que ha sido la mejor actuación de su carrera.

Ni cuando conquistó el vacante título Ligero, derrotando por decisión dividida al tailandés Prawet Singwancha en Alemania, durante aquel diciembre del 2007, Alfaro lució tan impresionante como contra Corley, quien pretendía regresar a la notoriedad.

Esperamos que no sea el Alfaro inconstante, desorientado, con su mente fuera del ring, que le entregó el cinturón Ligero de la AMB al oscuro retador japonés Yusuke Kobori, en mayo del 2008. Ese extraño Alfaro, nunca logró enfocarse y volcarse, pero sabemos que puede hacerlo, y en éste combate tiene la obligación de ir a fondo, apoyándose en esa condición física que asegura haber conseguido trabajando intensamente en el Gimnasio.

El envejecimiento de un púgil se mide por el deterioro, y Morales, con cinco derrotas en sus últimos seis combates, atravesó por mil quinientos sufrimientos. Su resonante victoria sobre Pacquiao en marzo del 2005, hizo pensar que estaba por entrar a la etapa más fulgurante de su carrera, pero el mismo filipino, noqueándolo dramáticamente dos veces, lo empujó hacia el retiro. Al perder con Díaz, el guerrero azteca dijo “no más”, sólo para sorprender casi tres años después, regresando a la trinchera, decisión todavía discutible.

Para Alfaro, la oportunidad de volver a ser visto y tomado en cuenta, de producir un resultado favorable, se convierte en el mayor estímulo. “Voy a presionar desde el inicio”, ha advertido, y es lo que debe hacer en busca de evitar que Morales logre acomodarse en la distancia y trate de enfriar la fogosidad del pinolero.

El valor de tener a mano “otra opción”, es lo que Alfaro tiene que aprovechar tomando todos los riesgos que sean necesarios. Dispone de poder, pero necesita la fiereza que caracteriza a esos golpeadores, que no les importa recibir metralla, con tal de hacer llegar sus impactos y provocar destrucción. Ese es el Alfaro que queremos ver éste sábado en Monterrey, en pelea que será transmitida por el Canal 4.

dplay@ibw.com.ni