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Se informa desde Monterrey, que Erik Morales está en su mejor forma física en años. No dudo que esto sea cierto, si “esos años” corresponden al trayecto transcurrido desde su retiro en agosto de 2007, cuando se olvidó del gimnasio y fue corriendo hacia las pantuflas y las sopas de tortilla.

Es lo mismo que se dijo de Tito Trinidad después de aquella engañosa demostración frente al extremadamente limitado Ricardo Mayorga, hasta verlo desenmascarado grotescamente por Winky Wright. ¿Y qué decir del Oscar de la Hoya, que utilizó al mismo Mayorga para mostrarnos un falso resurgimiento, sólo para quedar al desnudo cuando se atrevió a encerrarse entre las cuerdas con Manny Pacquiao?.

El boxeo es terriblemente desgastante, y cuando has sido protagonista de media docena de peleas quebranta huesos, como las tres realizadas contra Barrera y las otras tres con Pacquiao, y te has mantenido lejos de los entrenamientos por tres años, no podemos esperar encontrarnos con un estupendo Erik Morales, si todavía está batallando intensamente por marcar las 147 libras, categoría en la cual el azteca es un extraño. Su último pleito con David Díaz, en el 2007, fue en 135 libras.

Uno entiende que la promoción necesita de ese “aderezo”, pero a la inversa de lo ocurrido con Trinidad y De la Hoya, Morales todavía está pendiente de enviarnos una señal, y con ese propósito seleccionó al nicaragüense José “Quiebra Jícara” Alfaro. La gente que está detrás de Morales lo calificó como rival apropiado para esta reaparición.

¿Qué es lo que queda de Morales?. Ésta es la clave sobre las posibilidades que se le puedan otorgar al mexicano. El púgil que vimos en 2007 frente a Díaz tenía muy pocos puntos de contacto con aquel capaz de incendiar las tribunas desplegando la necesaria violencia cobijada de coraje. Pese a su edad en ese momento, 31 años, Morales parecía haber envejecido, no prematuramente, sino consecuencia de haber atravesado por tantos campos minados intentando desactivar bombas.

Esa es la gran opción de Alfaro, obligado a presionar desde el propio inicio, naturalmente apurado por volcarse con furia, sujetando su corazón entre los dientes. Frente a un rival que intenta re-adaptarse, el nicaragüense tiene que mostrar el carácter que te impulsa hacia excedentes de rendimiento, sin el menor temor a los riesgos.

¿Hay quien crea, podemos ser testigos de un retorno espectacular, tipo Leonard contra Hagler en abril de 1986, después del retiro forzado por su problema en la retina en 1984?. No, no lo creo. Leonard tenía 30 años, físicamente sólo había sido exigido al máximo por Tommie Hearns en 1981 y por Durán en la pelea de Montreal en 1980, y tenía en el bolsillo el diagnóstico de una buena reparación de su ojo. Además, buscaba hambriento mayor grandeza boxística.

El mundo quedó asombrado, pero Morales no provocará la misma impresión, aún si sobrevive a la juventud y el ímpetu de Alfaro, a menos que su demostración sea verdaderamente impactante, si supera un buen grado de dificultad.

Por ahora, la más grande intriga es el estado físico de Erik.