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Hasta ayer, Vicente Padilla había logrado sujetar sus emociones, con la firmeza de un gladiador neutralizando el impulso de la fiera. Nada parecía alterar su sistema nervioso. Siempre, aún en los momentos de mayor “combustión” como cuando salió de Texas, dio la impresión de ser una esfinge. Pero cuando fue informado de que sería el abridor por los Dodgers en el primer juego de la temporada a realizarse en Pittsburgh, sintió que su inexpresividad era dinamitada, y su orgullo activado lo cubría todo.

Sólo así se explica que César Batista, su asistente dominicano, haya saltado sobre el teléfono para llamarnos a casi todos desde el cuartel de los Dodgers en Arizona, comunicándonos que Joe Torre había anunciado a Vicente Padilla para trabajar en el juego inaugural, una pretensión que cada pitcher cultiva silenciosamente, porque equivale a un toque de distinción, un certificado de confianza, un reconocimiento de liderazgo.

“Yo estoy excitado. No esperaba ser el abridor del primer juego. Es un gran honor, una estupenda oportunidad y debo aprovecharla”, dijo Padilla según la nota firmada por Ken Gurnick de MLB.com, en tanto el manager Joe Torre, hablando cuidadosamente para no rasguñar ningún ego, explicó que la selección de Vicente obedece a todo lo que ha mostrado desde que llegó al equipo y la madurez adquirida, pero que eso no quiere decir que sea el mejor. “Tenemos cuatro lanzadores bien equilibrados, podemos meter sus nombres en un sombrero, y elegir a cualquiera de ellos”, indicó.

Sin embargo, por mucho que Torre se esfuerce en manejar delicadamente los contornos de la zona de strike, la escogencia del nicaragüense tiene un gran significado.

¡Diablos, cómo el aterrizaje entre los Dodgers, cuando Padilla parecía sumergido en una tragedia griega, fabricó una transformación revitalizante que le ha permitido volver a abrazar el futuro inyectando sus proyecciones! Nunca olvidaremos como el tiempo pasaba a la orilla de la crujiente paciencia del tirador pinolero, cuando los Dodgers, con su pitcheo herido y sus esperanzas flaqueando, lo volvieron a ver y lo contrataron, obviando el riesgo dibujado en pantalla por los de Texas.

Mordido en su amor propio, Padilla cruzó el Rubicón y se reinventó. Su balance de 4-0 y 3.20 en efectividad durante siete inicios, mientras los Dodgers aseguraban el banderín del oeste, frustrando a los Rockies, selló su resurrección, permitiéndole al mismo tiempo, mostrar un comportamiento alejado de las dificultades. En ningún momento fue el Dr. Jekyll cuestionado por varios Rangers.

En los Play Offs, aquella ovación ruidosa, emotiva e interminable, cuando salió de la colina en medio de un grandioso duelo con Pedro Martínez, terminó de establecer la conexión con una fanaticada que apreció su esfuerzo y valoró su rendimiento. Pese a eso, los Dodgers volvieron a tomarse el tiempo para hacerle una oferta calificada como prudente, y ahí lo tienen, cargando su escopeta.

Abriendo el primer juego el lunes 5 de abril contra los Piratas y el zurdo Zach Duke, Vicente regresará a la colina el domingo 11 contra los Marlins en Miami, posiblemente contra el as de espadas, Josh Johnson, que anda una etiqueta colgada al cuello que dice “ojo con él”.


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