Edgard Tijerino
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¿Cómo se puede juzgar con una venda en los ojos, lo que debe ser visto cuidadosamente para ser analizado y calificado? La historia de fallos boxísticos deliberadamente equivocados en México es tan larga e inmemorial como nuestra tristeza, y se remonta a los tiempos de esplendor y grandeza de Eduardo “Ratón” Mojica, continuando con despojos al “Yambito” Blanco, hasta lo ocurrido con Rosendo Álvarez en 1998. Así que la insólita amplia ventaja otorgada a Erik Morales la noche del sábado en Monterrey, pese a lo ajustado que fue el combate trabajado con audacia y consistencia por el bravo nicaragüense José “Quiebra” Jícara Alfaro, no provoca ningún asombro.

Desde muy temprano, cierre del cuarto asalto, los jueces enviaron señales sobre su inclinación. Uno de ellos, vio ganar a Morales por seis puntos, lo que certifica una indiscutible desigualdad en una pelea sin caídas.

Para mí, ganó Alfaro estrechamente, una pelea tan intensa como difícil, pese al corte sufrido y la sangre derramada. Fajándose con el corazón retumbándole, Alfaro cumplió su promesa de ser agresivo en todo instante. Difícilmente hay un instante en el video en que no esté tirando golpes desde diferentes ángulos y con suficiente poder, frente a un Morales que nada que ver con el púgil que fue capaz de vencer a Pacquiao y Barrera, provocando los dos mayores impactos en su carrera de 49 triunfos y 6 derrotas.

“No estoy viejo. Apenas tengo 33 años. Me he preparado acuciosamente”, había dicho Morales antes de subir al ring, pero entre las cuerdas, se vio envejecido, sin la precisión y contundencia que lo caracterizaron, y en ciertos momentos, sus piernas flaquearon siendo empujado constantemente por el golpeo del pinolero. Su ventaja en el peso, fue asimilada plenamente por la juventud de un Alfaro ansioso por conseguir una victoria, que por el nombre del rival, tendría algún significado.

En otra nota que publicamos en la edición de hoy, titulé ¿Qué pelea es la que vieron?, porque se refiere a puntos de vista de ciertos cronistas aztecas, tan distorsionados como el de los jueces. Se habla, ¡Diablos!, del resurgimiento de Morales, de haber roto la maldición, y hasta la exageración intolerable, de asegurar que el mexicano cerró el combate apaleando a Alfaro, obviando, por supuesto, el recorte de casi un minuto hecho al último asalto, fácilmente perceptible en el reloj. Cuando aquí, hace más de 40 años, sonaron la campana para salvar a un “Ratón” Mojica aturdido por el colombiano Alfonso Valiente, se apuntó el hecho en todas las crónicas.

¡Qué confusión se provoca tratando de ser patriota, siendo injusto en un evento deportivo, agrietando la honestidad que cobija a la objetividad. “Protejamos al nuestro contra viento y marea”. No, no es así, de ninguna manera.

Alfaro se fajó bravamente round tras round frente a un peleador ya marchito como es Morales. No debió perder, pero lo asaltaron Camino de Guanajuato, donde un mal fallo no vale nada. Fue algo terrible para un muchacho como él.