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El funcionamiento del balompié pinolero no está divorciado de la política ni de la economía, que en la vida nacional van de la mano. El fútbol carece de infraestructura adecuada para su práctica y ejercicio estético del mismo, de todas las canchas las únicas que prestan las condiciones son las del Independencia y la del Cacique Diriangén, que presentan buen cuido de sus engramados. En ambas instalaciones los camerinos no prestan condiciones para los jugadores.

La mayoría de las canchas son de terreno duro y algunas ni siquiera tienen grama, lo que hace que desluzca el espectáculo, debido a que el torneo se juega con un balón sintético muy vivo, lo que complica a los jugadores debido a su fuerte rebote.

En el aspecto estrictamente del deporte, nuestro fútbol presenta dos grandes deficiencias. No produce centrocampistas de creación ni jugadores de media punta, o enlace.

Actualmente los que mejor desempeño tienen como centrocampistas son extranjeros. Esta carencia se hace más notoria en la Selección Nacional, donde los técnicos han tenido que inventar con algunos jugadores que no tienen la misma o similar calidad.

Los dos últimos elementos pinoleros de gran jerarquía que ha parido el balompié han sido Harry Cruz y Alex Argüello, ambos con una técnica muy depurada, buen sentido y dominio de balón, buen control del tiempo de juego y los tiempos de salida del equipo de la mitad de cancha hacia adelante.

Otra de las posiciones en la que no se producen jugadores es en la función de medias puntas, (enlace). Ese jugador que se mueve en medio de los delanteros, que asiste y también tiene pegada y capacidad goleadora.

El fútbol moderno exige de adiestradores competentes que sepan capacitar a futbolistas para estas funciones. De esos, faltan muchos.