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Un duelo a cara descubierta, impulsado por contragolpes y resuelto por la transparente defensa del Burdeos, que la pifió de forma tan abultada como reiterada. Lo aprovechó Lyon, vencedor del primer duelo 3-1 y ahora está más cerca de alcanzar su primera semifinal europea.

El Lyon venció al Madrid en la ronda anterior porque jugó sin la obligación de tener el balón ni la iniciativa. Es un equipo que se hace el remolón en la construcción, pero primoroso al contraataque. Aceptado que el Girondins es el dictador francés -actual campeón y líder de la Ligue 1, que contaba siete victorias seguidas en Europa-, el Olympique destiló su mejor fútbol, con pocos pases y mucha puntería. Lo sufrió el Burdeos, que se plantó en Gerland con su estilosa pareja -Gourcuff y Chamakh- y una zaga de celofán, descosida a cada embestida.

Para el Lyon todo fue más fácil en el trampolín, porque su rival se agrietó solo, con las piernas anudadas y la cabeza empapada en cloroformo, y porque el colegiado se inventó un penalti que no fue. Cissokho soltó un zapatazo desde la medular que tocó el cielo y cayó a plomo sobre el área rival, donde aguardaba Ciani, desnortado porque rechazó el cuero con la nuca. Bodmer chutó y Lisandro, olfato pronunciado, puso el pie para rectificar la trayectoria del balón y colarlo a gol. Poco después, un centro de Pjanic chocó en la espinilla de un defensor y la pelota se catapultó hacia arriba, hacia Trémoulians, que midió mal el salto y no tocó el balón. Lo absorbió Bastos. Recorte y gol. Otro fiasco defensivo.