•  |
  •  |
  • END

dplay@ibw.com.ni

Lo vi, pero aún no lo creo. El Arsenal estaba siendo sepultado por la fluidez, magia y fiereza del impresionante Barcelona, cuando poco a poco, sigilosamente, el equipo inglés se fue incorporando, cojeando y jadeando, hasta que finalmente, con un penal discutible fabricado y realizado por Cesc Fábregas, forzó un milagroso empate 2-2.

¡Diablos! ¿Cómo pudo suceder? El Arsenal había escapado a por lo menos media docena de goles en los primeros 20 minutos, barrido por un Barsa soberbio y deslumbrante. Fue necesario que el arquero Manuel Almunia incursionara en el territorio de lo inverosímil, para apagar ese fuego de metralla garantizado por Messi, Ibra, Xavi, Alves, constantemente habilitados desde atrás y por el medio, provocando ofensivas enloquecedoras. Durante ese trayecto, el Barsa funcionó como un acordeón magistralmente manejado. ¡Wow, qué espectáculo!
¡Qué pequeño se vio el Arsenal! ¿Dónde estaba Arshavin? ¿Y la impetuosidad de Bendtder?, Hey Cesc, ¿qué te hiciste?, ¡Clichy, por favor, envía alguna señal de vida! Toda la cancha era para el Barsa, y todas las pelotas. Cualquier intento del Arsenal daba la impresión de ser inútil. El desequilibrio llegó a ser alarmante para la multitud en el Emirates. De pronto, el huracán se detuvo, regresó un poco de calma para el Arsenal que comenzó a mostrarse por vez primera frente a Valdés a los 23, con el disparo de Samir Nasri.

¿Qué podría ser lo diferente en el segundo tiempo? Antes de un minuto, el Barsa estaba adelante por gol de Ibra. Piqué desde atrás, metió una pelota profunda que el atacante sueco persiguió, alcanzó, dominó y maniobró ante un Almunia que salió a no hacer nada y se vio desarmado. Ibra bombeó el balón colocándolo en el rincón izquierdo de la cabaña, para establecer el 1-0. Y en el minuto 58, otra estocada: Messi se desplaza por el centro, retrasa para Alves que cede a Xavi. El centrocampista no pierde tiempo y cruza hacia la derecha para la entrada de Ibra, su remate de derecha, y el 2-0. El “muro” Almunia había sido derribado.

¿Hay alguien en este planeta que le otorgó al Arsenal posibilidad de salir del hoyo? No, nadie, pero cada juego de la Champions es una olla de presión cargada de imprevistos. En el minuto 69, Fábregas retrasa a Bendtner, quien mete la pelota en diagonal por la derecha para ser interceptada por el veloz y serpenteante Theo Wolcott. El remate escapa al esfuerzo de Valdés y se mete debajo del cuerpo del arquero. Se acerca el Arsenal 2-1, pero aún así no se le ve como amenaza.

La ovación a Henry, quien fue ídolo local, cuando entró por Ibra a los 77, terminó de enfriar al Barsa, porque el francés careció de ideas y de presencia. A los 85, se considera faul dentro del área, la carga de Puyol sobre Cesc, quien buscaba posición de tiro y fue derribado. Es penal discutible y expulsión. Cañonazo y adentro. El Arsenal empata el juego 2-2, pero pierde a Fábregas por lesión, en tanto el Barsa debe olvidarse de Piqué –segunda amarilla- y Puyol –expulsado- para la revancha.

Ocurrió ese resurgimiento inesperado del Arsenal, pero todavía no lo puedo creer.