•  |
  •  |
  • END

¡Diablos! ¿Qué es lo que vimos ayer en el Nou Camp de Barcelona? Esa destreza y voluntad cósmica insaciable, inagotable e incontrolable, que le permite a Lionel Messi ignorar todos los obstáculos que puedan aparecer en el camino, mientras se abre paso con una flexibilidad y voracidad impresionantes, en ruta hacia el gol, que es la esencia del juego, lo que agita el alma de las tribunas y construye victorias tan grandiosas como ese incandescente 4-1 frente al Arsenal, logrando todos los goles azulgrana.

¡Qué enloquecedor fue éste Messi ilusionista, trazando esa geometría destructiva, sacudiendo una y otra vez las redes de Almunia, haciéndonos saltar de asombro en asombro! ¿Qué más se le puede pedir? Quizás, que escale el Everest descalzo driblando a su propia sombra en un serpenteo alucinante, capaz de superar la imaginación de Ray Bradbury o de J. K. Rowling. Y me pregunto: ¿Se puede fabricar más magia de la que nos ha ofrecido Messi, ridiculizando al propio David Copperfield, incapaz de hacer eso en su espectacular show?
No estaba la fuerza exuberante de Ibrahimovic, tampoco la dinámica incansable y desequilibrante de Andrés Iniesta, quien entró a última hora para poder decir en el futuro “yo estuve ahí por siete minutos”, la muralla del Barsa no contaba con sus grandes pilares Piqué y Puyol, pero ayer, quedó la impresión de que Messi no necesitaba de alguien más, que todo giraba a su alrededor.

El Arsenal detuvo el planeta con el gol de Bendtner en el minuto 18, una pelota recibida de Wolcott, filtración inmediata, enfrentamiento con Valdés, disparo, rechazo, rápida recuperación, y oportuna cachetada. ¡Wow!, el Barsa perdía 1-0, pese a dos posibilidades de Messi calentando, la mejor a los 11 minutos, rascando la escuadra superior izquierda de la cabaña custodiada por Almunia.

¿Crecería el Arsenal con ese gol? Messi no permitiría eso. Al minuto 21, una posible pared con Xavi se queda corta, pero la pelota perdida es regresada por una defensa apurada y Messi consigue la posición de tiro para la estocada zurda, que inutiliza a Almunia. Estupendo gol y la pizarra se nivela 1-1. Con ese marcador, el Barsa está en semifinales.

Pero eso fue apenas el inicio del festival Messi. A los 37 minutos, con ese sentido tridimensional que tiene, avanza por el centro y mete una pelota para Abidal por la izquierda, quien la empuja hacia Pedro, el joven delantero completa la triangulación con un retraso preciso, para la entrada fulminante de Messi, arponazo y el 2-1.

Había que sacar de juego al Arsenal, y Messi lo hizo al minuto 42, escapando después de recibir de Keita, aguantando la salida de Almunia, y levantando magistralmente el balón sin detenerse, en una de sus características pinceladas. Antes del descanso, el Barsa ganaba 3-1. No había nada que discutir, pero por si acaso, el cuarto de Messi, una entrada sobre Almunia que devuelve el zurdazo exhibiendo reflejos prodigiosos, sólo para otro intento del pequeño verdugo, que hace cruzar el balón entre las piernas del arquero, colocando la tapa en el ataúd del Arsenal para el 4-1.

Traten de conseguir el vídeo de ese juego. Ese show de Messi, sólo puede ser repetido por él mismo.


dplay@ibw.com.ni