•   El País / España  |
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Un gol y nada más. Sobrio y resolutivo, el Inter no dio juego. Se resistió a disputar un duelo abierto y sentenció la eliminatoria (1-0 en San Siro) al abrirse el telón. Diana de Sneijder y punto final. Nada que rechistar el CSKA de Moscú, acostumbrado a ir a remolque e incapaz cuando se le exigió creatividad, iniciativa y puntería. Demasiado músculo y poco pie. El Inter ya está en las semifinales de la Copa de Europa.

Mourinho volvió a apostar por los tres arietes -Eto’o, Pandev y Diego Milito- de inicio, una propuesta nada timorata porque el desgaste defensivo corría por parte de los medios y la última línea, toda vez que la delantera se limitaba a presionar la salida de la pelota rival, sin demasiado esmero pero con más resultado del esperado porque la raíz del CSKA se pudría rápido. Sólo carburaban las cabalgadas del carrilero Odiah, que mezclaba con la medular. Frontera definitiva para el equipo ruso, estéril a la hora de pasar al hueco, penetrar por las alas o desarbolar el compacto entramado defensivo del Inter. Cambiasso y Stankovic resultaron infranqueables, atentos en el corte, en la anticipación y en los ejercicios del uno contra uno. Y si existía un fallo, tiraban sin miramientos de la vieja máxima del defensa -si pasa la pelota no pasa el futbolista-, también legitimados por el colegiado, reacio a las cartulinas. Las faltas lejanas fueron un desafío menor para los fiables guantes de Julio César. Disparos insignificantes de Honda y Mark González porque Sneijder aclaró el partido de buenas a primeras.

Duda antes del choque por unas molestias en el tobillo derecho, Sneijder es una pieza capital en el engranaje interista. Es el único con ingenio y toque para descuartizar zagas abigarradas. No sólo catapulta al Inter con la conducción, sino que atiende los desmarques frontales con éxito. Pero también enfoca con acierto en el disparo. Miró al frente, descargó su menudo cuerpo en el golpeo de una falta frontal y escupió un balonazo potente y centrado. Honda, desde la barrera, rozó el cuero con el gemelo y Akinfeev, descolocado y poco hábil en la corrección, trató de despejar el balón con el pie y no con las manos. Error de bulto que definió el encuentro. Gol de Sneijder y se acabó lo que se daba.