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La excitación fue confiscada desde muy temprano, porque Shane Mosley sólo tuvo carga en sus baterías para dos asaltos.

El veterano pugilista fue superado claramente en un pelea casi sin variantes entre los rounds tres y doce, y consecuentemente carente de brillantez, por la frialdad, suficiencia y precisión del siempre especulativo Floyd Mayweather, quien hizo valer los pronósticos de los expertos, colocándose en línea directa hacia la megapelea con Manny Pacquiao, todavía a tiempo en este 2010, aunque quizás Floyd considere que necesite someterse a otra prueba, después de ver reducida su actividad a dos combates en dos años y medio.

¡Qué round fue el segundo! De pronto, Mayweather estaba desorientado, casi cayendo, estremecido por los impactos de un agresivo, certero y potente Mosley. Dos veces, Shane clavó arponazos con su derecha, siendo el último, el más dramático.

Crujieron las butacas en el gigantesco escenario frente a la posibilidad de lo imprevisto, pero Mayweather escarbó profundamente hasta sacar del fondo de su alma, ese espíritu de guerrero espartano que se necesita para sobrevivir e imponerse en un deporte de tanta dureza como es el boxeo, y lo logró, milagrosamente.

¡Wow! Mosley había ganado los dos primeros asaltos y Mayweather se encontraba sentado sobre las brasas, con su invicto tambaleándose junto con sus piernas. El ¿qué veríamos ahora? se convirtió en una intriga tan inmensa como el propio hotel MGM, y cuando la campana sonó llamando para el tercer asalto, todos estaban de pie, incluso nosotros frente a los televisores.

Posiblemente, el más sorprendido fue Mayweather, quien seguramente esperaba una actividad más intensa y decidida de Mosley, colocando la mayor presión en busca de la hazaña.

Pero eso no ocurrió. Fue Floyd quien comenzó a acomodarse, reabastecerse de oxígeno, encontrar aberturas para hacer llegar su izquierda, intentar los acompañamientos de derecha, no precisos todavía, y establecerse en el centro del ring manejando combinaciones.

“Cuando tienes al rival herido, no le des tregua. Ve por él con todo”, decían Jack Dempsey, pero Mosley no es propiamente un golpeador capaz de provocar destrucción, y tomó una decisión equivocada, pelear por afuera, a distancia, en un momento que exigía mostrar una voracidad ofensiva, y Mayweather aprovechó, no solamente para ganar el round, sino para recuperar la brújula, conseguir la claridad mental requerida, recurrir a sus recursos y enfriar la fogosidad inicial de Mosley y también del combate.

A partir de ese asalto, Mosley se vio reducido drásticamente, con Mayweather empujando la pelea sin prisas y sin brillantez, pero con suficiente autoridad dosificando su desgaste. Sin sentirse apurado, se instaló cómodamente a utilizar su izquierda como golpe de apertura, y afilar el complemento de una derecha potente y con reiterada presencia, que golpeó constantemente la cabeza de Mosley.

No hubo intrigas en la segunda parte del combate. Pudimos ver algo más de Mayweather, pero se necesitaba un Mosley más atrevido, no el púgil mansamente resignado, que careció de ideas y de impulso, para fabricar excitación. Fue como si hubiera quedado satisfecho, o asustado, con lo realizado en el segundo asalto, cuando colocó a Floyd al borde del abismo.

dplay@ibw.com.ni

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