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El teléfono de Liván Hernández no repicó tanto como otras veces durante el receso de temporada. "Sí hubo equipos interesados, pero nunca se llegó a ningún acuerdo'', señaló el serpentinero cubano, que incluso llegó a levantar el auricular para llamar a los Marlins de Florida y ofrecerles su servicio. "No hubo respuesta, aunque yo estaba interesado. Siempre quise regresar acá'', reveló Liván. Quizás los peces, y prácticamente el universo del béisbol, no creían en el derecho, que a sus 35 años se negaba a colgar el guante.

Afortunadamente para él y para los Nacionales de Washington no lo hizo. Hernández llegó a Miami no sólo como el as de la rotación capitalina, sino que aparece con la tercera mejor efectividad en las Grandes Ligas (0.87) y la quinta cantidad más baja de porcentaje de embasados para un lanzador (0.87 hombres por cada inning).

El ex seleccionado cubano no quiere usar la palabra renacimiento y tampoco se sorprende por sus números. Además, prefiere compartir el crédito con sus compañeros. "La temporada ha estado bien, como uno espera lanzar. Todo el spring training fue bastante bien. Cada vez que lanzo he tenido la suerte de que el equipo ha hecho las carreras adelante. Así que ellos también se merecen estas victorias'', apuntó Hernández con foja de 3-1.

Pero la realidad es que el apoyo ofensivo de los Nacionales no ha sido la razón del éxito del nativo de Villa Clara. De hecho, Washington produce un nada impresionante número de 4.65 rayitas por cada nueve episodios cuando lanza Hernández, a quien los contrarios apenas le batean .180. Las estadísticas, sin embargo, también indican que el derecho no podrá mantener esa férrea dictadura sobre los bateadores rivales.

Cuando los oponentes colocan la pelota en juego le conectan para .180, un número que indica que los batazos han salido de frente. La tendencia lógica es nivelarse al promedio, que históricamente es alrededor de .300.

En otras palabras, vendrán muchos batazos que caerán donde no están los guantes del conjunto rival. Estas proyecciones no le quitan el sueño. "A mí no me importa lo que hable la gente, si habla o no hablan no me importa. No soy una persona que se va a molestar por lo que dicen. Yo estoy concentrado en hacer mi trabajo y no en lo que la gente dice, como eso de que la efectividad va a subir'', alegó.

“Quiero ser el pitcher cubano con más victorias. Tengo que trabajar duro y seguir ganando juegos. A ver hasta dónde puedo llegar'', admitió el lanzador que acumula 159 triunfos, a 70 del tope antillano en la gran carpa en poder de Luis Tiant. "Hay que continuar mirando el horizonte. Siempre adelante''.

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