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El pequeño, pero inmensamente molesto, punto de diferencia entre el Barcelona y el Real Madrid (96-95), terriblemente aguijoneante faltando sólo una fecha en la Liga Española, permanece con una terquedad fabricada por la eficacia de dos equipos con armas y estilos diferentes, impulsados por la desesperación en busca de victoria tras victoria, atentos al menor tropiezo del otro, lo cual no ha ocurrido, sosteniendo el suspenso.

¡Ah, si el Madrid, dos veces vencido por el Barsa 1-0 y 2-0, hubiera podido rescatar un punto, tan sólo un punto, la situación sería diferente! Así que, después de las victorias por 3-2 del Barcelona sobre el Sevilla ayer, y el 5-1 aplicado por el Madrid al Bilbao, todo sigue igual, cruce de dedos, bombeo en los corazones, escalofríos recorriendo columnas vertebrales y la gran intriga sobre la posibilidad de ver flaquear a uno de ellos.

Mientras la angustia cambiaba inesperadamente de escenario, con el Madrid saliendo ruidosa y explosivamente del hoyo, olvidando ese mortificante 1-1 que el valiente equipo de Bilbao sostuvo durante 73 minutos, y el Barcelona empujado por el vibrante Sevilla hacia un oleaje de dificultades, después de haber estado en ventaja de 3-0 con dardos de Messi, Bojan y Pedro, nos sentíamos tan aturdidos como Foreman ante Alí.

Tanto el Athletic como el Sevilla tuvieron que fajarse con un hombre menos frente a fuerzas superiores, estimuladas por la obligación de no ceder un centímetro. Amorebieta del Bilbao fue expulsado al minuto 20 con el Madrid en ventaja 1-0 por el gol de Cristiano cobrando un penal, en tanto Konko, del Sevilla, salió de pantalla a los 55 minutos, en el segundo tiempo, con el marcador en contra 3-0, antes que Kanouté y Luis Fabiano sacudieran las redes de Valdés en menos de tres minutos, obligando a Guardiola a doblar las rodillas y agrandar sus ojos, golpeado por el asombro.

Tuvo el Barsa que recurrir a esa mezcla de destreza y frialdad que manejan los grandes equipos cuando el cielo parece oscurecerse y las nubes cargadas de peligros se vienen encima, para sujetar a ese rebelde difícilmente controlable que era el Sevilla buscando una hazaña; el Madrid, por su parte, pisando el acelerador coincidiendo con el ingreso de Kaká por Gago, se tranquilizó con el gol de cabeza de Higuaín en el minuto 73, y estableciendo una diferencia de 2-1, logró volcarse espectacularmente con el estupendo gol de Sergio Ramos, y los conseguidos por Benzema y Marcelo, sellando el 5-1.

Por lo que ha ocurrido hasta hoy, la Liga se decidió el 11 de abril, cuando estando empatados en la cima, Real y Barsa, los de Guardiola atrás en diferencia de goles, se impusieron 2-0 con goles de Messi y Pedro, tomando ventaja de tres puntos. Eso le permitió al Barcelona asimilar el empate 0-0 con el Español en la jornada 33, manteniéndose en la cima pero con sólo un punto de ventaja sobre el Madrid. A partir de ese momento, el sprint ha sido como ver a Carl Lewis y Ben
Johnson fajados. Gana el uno y gana el otro, no importa cómo. Y el próximo domingo, la última zancada, Real Madrid-Málaga y Barcelona-Valladolid. Hay 59 y 60 puntos de diferencia en cada caso. ¿Por qué esperar algo anormal?. Sin embargo, ese punto, y por supuesto lo imprevisible, sostienen el suspenso.


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