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Omar Zambrana se ha puesto al frente de un vestuario que ha tenido a dos entrenadores en poco menos de un año.

El salvadoreño Carlos “Chicharrón” Aguilar, que estuvo en el Clausura de 2007 y en el “repechaje” contra la Alcaldía, y Róger “Pinocho” Rodríguez, que sólo estuvo en el Apertura 2007-08, luego de su paso por el Diriangén.

Pocos técnicos como Omar pueden presumir en estos tiempos de haber permanecido tantas temporadas en un mismo equipo como Otoniel Olivas, cinco en el “Súper tren”, con el que ha “robado” la supremacía a Diriangén.

Zambrana presenta un currículo intachable en Segunda División, pero el capitalino es consciente que de los éxitos pasados no se vive.

El nuevo entrenador del Walter Ferreti ha llegado sin exigencias.

Ha firmado por seis meses para no hipotecar al club ni a sí mismo y se ha puesto de inmediato la bata de médico para realizar un primer diagnóstico: falta equilibrio en el equipo entre la línea ofensiva y defensiva; hay que mejorar el estado físico. O sea, menos “farándula” y a trabajar.

Omar está preparado para poner orden y colocar en el lugar que le corresponde a un Ferreti “tocado”.

La decisión ha sido acertada. No será sencillo, pero Zambrana ha aceptado el reto de forma valiente y honrada.

Ningún técnico posee una varita mágica para solucionar problemas, pero a Omar los conflictos y la presión no le vienen de nuevo y su “librito” es sabio, con recursos para solventar este tipo de situaciones.

Hay en mano buena plantilla, detrás está una directiva con suficientes recursos económicos que le ha brindado todo el apoyo que necesita el técnico para sacar adelante está entidad que no gana un título desde 2001, cuando derrotó en penales al Diriangén en el estadio Cranshaw.

Jugador por jugador, Ferreti puede derrotar a cualquiera. Tienen buena defensa. Silvio Avilés, Matías Sacco, Erick Vallecillo y Mario Gastón integran una de las mejores defensas de la liga. Presenta una intimidante línea de ataque que pone nervioso a cualquier portero, con Emilio Palacios y César Salandia.

Para este equipo, la principal tarea es confeccionar una eficaz mediacancha que termine de acoplarse y entonar la misma melodía que las otras líneas.

Otro asunto a resolver es el difícil encaje entre la tendencia esquemática del técnico y la libertad que puedan tener los artistas en el terreno de juego.