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La imagen de Diego Milito con el gesto fiero, la mirada hiriente, los puños en alto tratando de golpear las puertas del cielo y sus dientes rechinando rabiosamente mientras festejaba cada uno de los dos goles, será perdurable por largo rato. Un póster que seguramente amaneció cubriendo la Catedral de Milán. Dos puñaladas asestadas por el brioso e imparable argentino, atravesando por una noche fantástica en Madrid, sepultaron los múltiples esfuerzos del Bayern alemán, sangrando de entrada por la pérdida de Frank Ribery, y empujaron al disciplinado, sagaz y firme Inter, respaldado por los prodigiosos reflejos y las tenazas del arquero brasileño Julio César, a la conquista de la Champions 2010.

Raramente, ningún jugador italiano estuvo en el campo mientras el Inter edificaba su más grandiosa victoria a lo largo de 45 años, hasta que Materazzi fue llamado en el minuto 91, cuando sólo quedaba pendiente la celebración. Una constelación de estrellas con uniformes asegurados en la próxima Copa del Mundo, hizo posible la proeza del mejor equipo que puede ser visto en el futbol italiano, eliminando al Barcelona y sujetando del cuello a este Bayern, incentivado por el accionar vertiginoso y la inagotable carga de peligro del holandés Arjen Robben.

No pertenece este duelo a las finales épicas de las Champions, pero fue muy bien jugado, con un trazado meticuloso, previendo todas las variantes de uno y otro lado, como si en lugar del exitoso Mourinho y Van Gaal, estuvieran a cada lado del tablero de las posibilidades, Karpov y Kasparov, genios del ajedrez. El Bayern fue dueño de la pelota el 68 por ciento del tiempo y supo cómo manejar opciones, pero al resistente Inter, equipo de mordedora defensa que utiliza magistralmente los contragolpes, le bastó con el 32 por ciento. Un alarde de eficacia, si consideramos como medio gol, la jugada en la cual Milito desde la izquierda le colocó una pelota aullante al holandés Wesley Sneijder en el minuto 42, rematada directamente hacia el cuerpo del arquero Jorg Butt, con la multitud rugiendo.

Estupenda la gestión del primer gol, por lo simple, directa y bien realizada. Sacó Julio César lejos en el minuto 34, una gigantesca parábola hacia la cabeza de Milito que se proyectaba; el argentino bajó la pelota hacia la izquierda por donde avanzaba Sneijder, quien hizo una rápida devolución para completar la penetración, facilitando el letal zapatazo de derecha, estableciendo el 1-0. El gol, no afectó la insistencia de Olic y Muller, necesitados de mayor precisión, tratando de juntarse con el inclaudicable e incansable Robben.

El segundo gol al minuto 69 fue consecuencia de una brillante maniobra personal de Milito, con Eto´o acompañándolo por la derecha, preocupando a la defensa alemana, quitándole carga al argentino, que por la izquierda, quebró la cintura de Van Buyten con maestría, consiguió una excelente posición de tiro, para sacudir las redes de Butt con otro derechazo. A esa altura, el 2-0 tenía el peso de una lápida para el Bayern.

Los ingresos de Klose por Altintop, y el de Mario Gómez, no se hicieron sentir frente a un equipo que parecía tenerlo todo previsto, hasta los disparos envenenados de Muller y Robben, atajados por Julio César. Estupendo el Inter, fantástico Milito, merecida la Champions.