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Luis Pérez regresa a la trinchera. ¡Qué buena noticia! El brioso muchacho que provocó una gran repercusión saliendo de la nada para coronarse Campeón Mundial de las 115 libras mostrando un boxeo agresivo, flexible y potente, sólo para ser sumergido en una sub-utilización desesperante, se ha convencido de que el mundo no es cuadrado y tiene sentido.

La derrota sufrida ante Joseph Abeko, perdiendo el cinturón de las 118 libras que obtuvo sometiendo a Genaro “Poblanito” García, nos golpeó a todos. Pérez había demostrado ser un púgil consistente, capaz de establecerse prevaleciendo por largo rato, pero estuvo aguijoneado por la báscula, afectado por el desinterés y desajustado por la falta de una actividad continuada.

A los 30 años, está entero físicamente todavía y su nueva pretensión es ir en busca del cinturón de las 122 libras. Precisamente con la mente en ese proyecto, Pérez retorna a la tarima humeante el 26 de abril, probablemente contra un mejicano y peleando para Pinolero Boxing de Marcelo Sánchez.

Fuego en la sangre, poder en sus puños, alma de gladiador y una buena línea de boxeo, fue lo que enseñó Pérez mientras derrotaba dos veces al venezolano Félix Machado en aquel iluminado 2003.

Como apuntamos en aquella ocasión, la exigente crónica deportiva norteamericana se sintió impresionada y volcó su entusiasmo sobre la nueva figura que aparecía en escena con un ímpetu contagioso. “Pérez tiene todo para brillar”, escribió Nigel Collins, en tanto Bobby Goodman del equipo de Don King apuntó: “Es uno de los mejores hombres pequeños que he visto en mucho tiempo”.

Hasta antes de Agbeko, algo había sido cierto: cuando Pérez pelea, ¡pelea! No da tregua, ataca siempre, va con su izquierda estirada y su derecha amartillada, los ojos bien abiertos para poder fijar el blanco y una furia lista para desbordarse. “Yo noqueo a los rivales como los trabajadores de la construcción derriban un edificio”, dijo Luis a World Boxing mientras saltaba sobre “el cadáver” de Luis Bolaños.

Y era cierto. Pero súbitamente fue carcomido por el desgaste y la falta de motivación, algo en lo que, pese al poco uso que hacía de sus llamativas facultades, no debió flaquear.

Luis está nuevamente en pie de lucha. El canto del grillo, el chillido del búho, anuncian que en busca de resurgir, se encuentra afilando sus puñales.