Jorge Eduardo Arellano
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Igual que en las Series Mundiales de Grandes Ligas, sólo un “no hitter” se ha lanzado en las Series del Caribe, y fue en 1952, en el Estadio Olímpico de Panamá.

El derecho norteamericano de 38 años, Thomas Fine, había fracasado intentando establecerse como pitcher de Grandes Ligas. Sólo pudo ganar un juego en 1947 trabajando para los Medias Rojas de Boston, no estuvo en acción por dos temporadas consecutivas y regresó en 1950, “quemando” unos pocos cartuchos con los Carmelitas de San Luis. No se volvieron a fijar en él.

Era un pitcher sin biografía cuando subió a la colina de los Leones del Habana aquel 21 de febrero de 1952 para enfrentar al Cevecería Caracas de Venezuela, que envió a la trinchera al también derecho Al Papai, un tirador de nudillos que había estado con los Cardenales y Carmelitas de San Luis y los Medias Rojas de Boston, ganando nueve y perdiendo 14 a lo largo de tres campañas.

A Fine le decían “El potro salvaje” y fue seleccionado por el Habana como un refuerzo facilitado por los Tigres de Marianao. De igual manera, Papai era un apoyo extra conseguido por el Cervecería para fortalecer su rotación.

Un grandioso duelo que terminó 1-0, durante el cual, Fine amordazó herméticamente y mantuvo con los bates en el congelador a la escuadra venezolana encabezada por Alfonso Carrasquel, el primer latino en un Juego de Estrellas de Grandes Ligas.

La única carrera se fabricó en el cierre del sexto. El propio Fine conectó hit al left fielder y avanzó a segunda por sacrificio de Alejandro Crespo. Un roletazo de Johnny Jorgenses le permitió a Fine desplazarse a tercera, para anotar por hit de Edmundo Amorós.

No fue necesario algo más. Desde entonces, Fine ha quedado en la historia de las Series de Caribe como única referencia de la excelencia en el pitcheo.

Cuatro días después, el 25 de febrero contra el Carta Vieja de Panamá, en la última fecha de esa Serie, Fine estuvo sobre las huellas de Johnny Van Der Meer acercándose a la posibilidad de un segundo “no hitter” consecutivo.

En el cierre del noveno, con la pizarra 11-0 a favor de la tropa cubana dirigida por Mike González y que reunía a Lou Klein, Pedro Formental, Andrés Fleitas, “Bicho” Pedrozo, “El Chino” Hidalgo, Amorós y Jorgensen, el pitcheo de Fine se agrietó súbitamente y con tres cohetes, los canaleros le anotaron tres veces.

Hay tres datos adicionales de singular importancia en materia de pitcheo durante estas series: Camilo Pascual nunca fue derrotado y registró un balance de 6-0; Agapito Mayor, también cubano, es el único ganador de tres juegos en Clásicos caribeños; el zurdo boricua Juan Pizarro, quien llegó a ganar 19 juegos para los Medias Blancas en 1964, ponchó a 17 en un juego de nueve entradas, lanzando por Caguas contra el Carta Vieja de Panamá en 1958.