Edgard Tijerino
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No existe la menor duda sobre el ego que ha “cultivado” Cristiano Ronaldo. Pero es de esas arrogancias como la de Muhammad Alí, que exigen rendir al máximo y demostrar que su aporte al espectáculo “rima” con sus palabras. Y eso es admirable, porque no se esconde detrás de una falsa humildad, sino que toma todos los retos que encuentra en su camino, incluyendo escalar montañas, atravesar tempestades, masticar brasas.

El brillo cegador de Lionel Messi frente a Nigeria y las actuaciones sobresalientes de los alemanes Mesut Ozil y Thomas Muller en el acribillamiento de Australia, obligan a Cristiano Ronaldo a mostrarse de cuerpo entero, como lo hacía en el Manchester y lo hace en el Madrid, hoy frente a Costa de Marfil, en el Estadio Nelson Mandela, de Puerto Elizabeth, a las 8 de la mañana hora pinolera.

¿Quién más explosivo, más veloz, más chocador, más atrevido, más espectacular que este portugués, ganador del balón de oro previo a Lionel Messi? Él transmite una carga eléctrica en cada una de sus intervenciones, mostrando una voracidad que el público agradece. Sus características son diferentes a las de Messi. El argentino es un artista del dribbling, un maestro del desequilibrio, un genio de la improvisación, mortífero en los espacios cortos, con una visión de gol exhibida desde la cuna, Ronaldo, en cambio, es todo lo exuberante que podamos imaginar, un poderoso sprinter dotado de habilidad, con un cañoneo escalofriante con las dos piernas.

El portugués se tiene una fe bárbara, y por eso no titubea al advertir “estoy aquí para destacarme y llevar a Portugal lo más lejos posible”. Hasta hoy, Ronaldo no ha podido impactar con Portugal como lo ha hecho en el fútbol inglés y español. Es una vieja deuda que necesita saldar. Su único gol a lo largo de seis juegos en el Mundial de Alemania fue de penal.

A diferencia de Messi en Argentina, que recibe suficientes balones para ensayar sus “diabluras”, Cristiano tiene que mostrarse más a sus compañeros con Portugal. Capaz de arrancar desde atrás como un huracán o proyectarse vertiginosamente en busca de balones adelantados, Ronaldo no esconde su ansiedad por entrar en acción frente a un adversario con mucho colmillo y recursos como Costa de Marfil, pendiente del estado atlético de Didier Drogba.

“No le tenemos miedo a ningún equipo, así sea España, Brasil, Holanda y Alemania. Vamos a presionar en todo instante. Estamos para algo grande”, expresa, borrando todas las dificultades que atravesó Portugal para poder clasificar recurriendo al repechaje.

¡Qué bueno es encontrarse con atletas que se retan a sí mismos comprometiéndose con el espectáculo, confiando plenamente en sus facultades! De pie, amigos, ahí tenemos a Cristiano Ronaldo en primera fila. Podrán observarlo hoy.