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En béisbol, podés ser campeón bate y campeón jonronero, con solo tu esfuerzo, sin depender de nadie, pero en fútbol, tu rendimiento está en función del colectivo, por muy bueno que puedas ser. No es el fútbol un deporte para llaneros solitarios, y lo sabe muy bien Cristiano Ronaldo, quien como parte del engranaje de este Portugal, debe sentirse a ratos en un desierto.

Del juego de ayer contra Costa de Marfil dejó para el recuerdo ese cañonazo que sacó astillas del poste izquierdo muy temprano. Fue un momento en que consiguió el espacio para disparar e impactar, mostrando un destello de su indiscutible grandeza.

Decíamos ayer, sin intención de parafrasear a Fray Luis de León, que Lionel Messi tenía en Argentina mejor acompañamiento que Cristiano Ronaldo en Portugal. Y es que Argentina cuenta con más y mejores individualidades, y la asociación con Messi, sin llegar a alcanzar los niveles de lucidez que se logra en el Barcelona, es lo necesariamente efectiva.

En cambio, Ronaldo terminó cabalgando al borde de la desesperación, buscando puntos de apoyo para mover al mundo, como los solicitaba Arquímedes. Pero Cristiano nunca los encontró, y consecuentemente, casi todo lo que intentó, no se materializó.

Cobrando libres sobre las faltas que le cometan, se convierte en su opción más favorable. Lo vimos en el juego con Costa de Marfil, buscar devoluciones que nunca llegaron para continuar su proyección, como lo hacía en el Manchester y lo hace en el Real Madrid; no obtuvo pelotas profundas para sus escapadas, y cuando necesitó a alguien como complemento, se sintió tan abandonado como la democracia en Nicaragua.

Ciertamente es desesperante un panorama así, pero con todo y eso, fue seleccionado el jugador del partido. En béisbol puedes ser el mejor pitcher desde un equipo de último lugar, casi catastrófico, como aquellos Filis del 72, como lo demostró Steve Carlton, pero en fútbol, algo así sería milagroso porque se necesita ser incidente o construir grandes cifras, imposible sin “rimar”.

El caso de Kaká fue diferente. Tuvo suficientes pelotas para hacerse sentir contra Corea del Norte, pero no lo logró, porque sigue muy distante del Kaká que vimos en el Milán o en La Copa Confederaciones, alcanzando su máximo nivel. Esto es una seria preocupación para Dunga, porque pese a la actuación cumbre registrada por Maicón, el lateral derecho no ha sido un líder.

Brasil siempre ha tenido sus faroles, desde Pelé hasta Ronaldo, pero por lo visto ayer, ahora no lo tiene, y al naufragio lamentable de Kaká, hay que agregar el desajuste de Luis Fabiano, nada que ver con los hombres de área que Brasil ha presentado siempre, incluyendo a Adriano.

Es posible que Nilmar, de constante movimiento y rápido para apretar el gatillo, sea un buen contribuyente para el futuro de este Brasil.