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Cuando el abuso del poder es violento y castrante, sus huellas permanecen largo tiempo, quizás por siempre pese a los cambios que se realicen. La brutalidad del Apartheid con su separatismo salvaje, colocando a una inmensa mayoría negra debajo de las suelas de los zapatos de una minoría blanca cobijada por los privilegios, y con el soporte de los resortes de poder políticos, económicos y militares en sus manos, manejando una desigualdad escalofriante, ha sido difícil de borrar pese a los múltiples esfuerzos realizados desde 1994, con el inmenso Nelson Mandela como bandera.

Mañana, el equipo de Sudáfrica, que necesita un perdedor entre México y Uruguay, se juega la vida en esta Copa del Mundo contra una Francia con la voluntad carcomida, el orgullo herido y las piernas flaqueantes. Hay aquí un intenso dramatismo, y al igual que como lo hizo cuando el equipo de rugby –deporte preferido de la minoría blanca- los Springboks, enfrentaron a los Allblacks de Nueva Zelanda en 1995, coronándose sorprendentemente campeones mundiales, como pueden haberlo visto en la película Invictus, Mandela retoma el llamado a la unidad de toda Sudáfrica en un momento de trascendencia deportiva.

“Mandiba hace magia”, titula con gruesos caracteres en su portada, el diario Times del domingo en su edición especial, inyectando estímulo. Mandiba es el nombre con que su gente, la gran mayoría, conoce a Mandela, y el diario lo utiliza indicando que todo sudafricano debe tener mañana su corazón y su camiseta de color amarillo y verde, atendiendo ésta nueva señal de Mandela restableciéndose.

El diario no descarta que Mandela pueda hacer acto de presencia en apoyo de los “Bafana-Bafana”, que se han quedado cortos respecto a las expectativas provocadas desde que Sudáfrica obtuvo la organización de ésta Copa Mundial. Los “Bafana” necesitan de algo milagroso para poder avanzar a la siguiente etapa con México y Uruguay asegurando su boleto con un empate, y nuevamente aparece en escena Mandela, el líder incorruptible, tan sacrificado como admirado, quien siempre ha estado claro que ningún individuo puede estar encima del proyecto nación, exigiendo un “todos juntos”, que más allá del significado deportivo de un partido, alcance una dimensión nacional tan necesaria, porque constantemente, la promocionada unidad es aguijoneada de diferentes formas, algo fácil de captar con la desigualdad paseando frente a las narices de un turismo, todo ojos y oídos.

Con su ejemplo imperecedero, Mandela juega en Sudáfrica, por encima de las distorsiones que se ven y pese a su edad. El hombre que siempre deseó una democracia ideal, una sociedad libre con igualdad de oportunidades, y que dijo estar dispuesto a morir por ese ideal después de haber estado 27 años encarcelado injustamente, manteniéndose firme contra viento y marea, levanta su puño una vez más haciendo un llamado para juntar corazones y alientos, alrededor de los “Bafana-Bafana” en su misión casi imposible de sobrevivir y avanzar a los octavos de final.


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