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Desde Johannesburgo.- La primera gran novela de Tom Wolfe, y posiblemente todavía su mejor libro, fue titulada “La hoguera de las vanidades”, y se asegura, es lo más preciso que se ha escrito sobre Nueva York, su arrogancia, sus círculos de poder y su intolerancia.

Lo que está ocurriendo en esta Copa del Mundo con Francia, Italia e Inglaterra es una impresionante “quema” de vanidades, cuyas columnas de humo alcanzan elevaciones sin medida, provocando reacciones tan descontroladas en algunos países que parecen estar próximos al fin del mundo.

En Francia quieren reactivar la guillotina en la Plaza de la Concordia. Nicolás Anelka, ciertamente insoportable, ha sido expulsado del equipo por haber demolido con su vulgaridad los límites del respeto, en tanto Domenech, el entrenador, de rostro apacible y mirada sin rumbo es acusado de incompetencia.

La deprimente actuación de Francia ha golpeado el orgullo nacional. El periodismo se desborda acusando a los jugadores millonarios, de “golfos opulentos y obtusos”, el Congreso salta y reclama protagonismo, y los patrocinadores amenazan –como en el caso de Tiger Wood- de retirarse del proyecto fútbol en Francia, lo cual finalmente no será cierto.

En Italia, el empate con Nueva Zelanda sólo es colocado detrás de la inolvidable derrota sufrida en 1966 ante Corea del Norte, que casi impide el regreso al país de aquellos jugadores. ¿Este es el futbol de Italia?, se preguntan, y con una frialdad como la de James Bond, Marcelo Lippi, el entrenador, pide calma y apunta que para Italia, el mundial dará inicio el viernes aquí cuando se enfrente a Eslovaquia en el Ellis Park.

Los rugidos de inconformidad con el equipo se escuchan tan ruidosamente como las vuvuzelas en el SoccerCity lleno. Un equipo italiano cargado de extranjeros, el Inter, acaba de ganar la Champions, pero la selección ha vuelto a ser algo penoso. “Aquí están los mejores jugadores que tenemos. No me digan que necesitaba a Del Piero y Totti”, ha dicho Lippi en medio de la tormenta.

¿Y qué decir de Inglaterra? Compro el tabloide DailyMirror elaborado en Londres, y me encuentro con seis páginas atacando implacablemente al entrenador italiano Fabio Capello, hasta hace pocos días el capitán del resurgimiento del fútbol inglés en copas del mundo.

Wayne Rooney no ha funcionado, y se dice que se trata de un problema mental; en tanto hay serios cuestionamientos para los centrocampistas Steven Gerrard y Frank Lampard, y se ataca fieramente a John Terry.

¿Por qué Inglaterra se vio tan pobre contra Estados Unidos y Argelia? El equipo ha carecido de la mínima solidez y sus grandes estrellas han resultado un fraude. Hasta el Primer Ministro está haciendo la alineación para el juego con Eslovaquia.

La pasión por el fútbol provoca tantas distorsiones. No es la primera vez ni será la última que se producen hogueras de vanidades, consecuencia de fracasos estrepitosos. Italia e Inglaterra pueden levantarse todavía. Si no lo logran, serán devorados.