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Uno ve en acción a Lionel Messi, y parece escapado del Bolshoi, o de una pintura de Miguel Ángel. Es diferente a todos. Se mueve como un duende, con aparente inocencia y mortal picardía; nació con la pelota atada a sus pies, manejándola con una facilidad que provoca asombro; su zurda es tan poética como la de Maradona; enfrenta todo tipo de riesgos sin temor y sin subestimarlos, clave para ser grandioso.

Por todo lo que hemos visto recientemente en esta Copa del Mundo, aún sin hacer goles, pese a que es líder en disparos envenenados, posibilidades fabricadas, entregas con sello y haber mostrado una superioridad incontestable, no parece haber forma de retar a este Messi, alma y nervio de Argentina.

Su creatividad es tan fértil que puede provocar mil variantes con sus movimientos, mostrando una flexibilidad extraordinaria y un sentido tridimensional, que le permite captar casi todo lo que lo rodea.

Como apunté en cierta ocasión, Sweig diría que Messi es capaz de reducir lo infinito a lo finito, y lo inasequible a lo humanamente real. Y es que ese saber intuitivo, inmenso, incomparable, que exhibe trazando maniobras tan imprevistas como espectaculares en diferentes canchas, frente a las defensas más mortificantes, grafica al genio.

“No le voy a decir cómo tiene que jugar y dónde, si él lo sabe, está grandecito y es el mejor del mundo. A mí nunca alguien me dijo lo que tenía que hacer, me dejaban suelto, y es lo que estoy haciendo con Messi”, explica Maradona al periodismo argentino en Pretoria.

¿Y los goles? Es insólito que no los haya producido. Arqueros en lances inspirados, piernas de milagrosas apariciones, postes y travesaños devolviendo pelotas, y finalmente, lo esencial, maniobras que son aprovechadas por otros y que benefician al equipo.

¡Qué enloquecedor es este Messi ilusionista, trazando esa geometría destructiva, desarticulando al enemigo. Quizás pueda escalar el Everest descalzo driblando a su propia sombra en un serpenteo alucinante. Su historia es corta en tiempo pero exuberante en hazañas. Tiene cinco años de haber debutado con el Barcelona, y lo ha ganado todo, excepto una Copa del Mundo, asignatura pendiente, pero no necesaria para dimensionarlo correctamente.

Se decía que no funcionaba con la Selección porque no tenía la compañía que le proporciona el Barcelona. Lo que necesitaba era la compañía de la pelota, y en esta Argentina que batalla en Sudáfrica, la está teniendo, y su brillantez es tan cegadora como en el Barsa.

Apunta Guardiola que Messi es más rápido avanzando con la pelota que sin ella. Cuando toma el balón, de inmediato, una carga eléctrica recorre la cancha y se traslada a las tribunas, con la multitud lista para presenciar cualquier genialidad.

“En esta Copa no admite comparaciones”, asegura Maradona, y no exagera, el muchacho tiene el mundo en sus pies.

¡Qué inmenso estuvo! Seguramente Pelé se levantó de la butaca cuando vio ese remate.

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