Edgard Tijerino
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El error es humano, pero cuando andas con un borrador en la mano por fallar tan seguido, deja de serlo para convertirse en injusticias inaceptables. En esta Copa, las fallas de arbitraje han hecho mucho daño, dejando un sabor amargo, lo que ha obligado a pensar que es urgente recurrir a la tecnología, como se hace en otros deportes, para poder darle a Lampard lo que es de Lampard, y quitarle a Tévez lo que no es de Tévez, como debería ser.

Todavía se discute el gol otorgado a Hurts en 1966, en aquella final que Inglaterra le ganó a Alemania, aunque quedó claro por la revisión electrónica que se hizo después, que no fue legítimo. Entre ese error y el cometido por el uruguayo Mauricio Espinoza, perdiendo de vista la diagonal trazada en descenso, después de que el taponazo de Frank Lampard pegó en el travesaño de la cabaña alemana, aterrizando por lo menos medio metro adentro, han pasado 44 años, con todos los avances tecnológicos que han acelerado el planeta proporcionando con mayor precisión.

La “prueba de ADN” del disparo de Lampard, certifica el gol, así como la aplicada a la jugada en la cual Messi coloca un balón en la cabeza de Tévez fuera de juego, para el primer gol de Argentina, aguijoneando el ánimo de los aztecas, que finalmente cayeron 3-1, presentando una gran pelea.

No se puede seguir así, pisoteando lo justo. El gol de Edu anulado inexplicablemente a Estados Unidos, quitándole un triunfo sobre Eslovenia, fue “pasado de noche”, frente a la imperturbabilidad de la poderosa FIFA, que tercamente se niega a la necesaria corrección de fallas.

Siempre fui partidario de coexistir con los errores arbitrales como “parte del juego”, pero se han multiplicado en tal forma, apuñalando tan dramáticamente al juego, que teniendo las posibilidades de aplicar saludables y necesarias correcciones, es natural preguntarse ¿por qué no hacerlo?, si eso va a conducir a lo justo. Juego limpio, grita la FIFA, y no parecen estar conscientes de que este tipo de fallos ensucia el juego.

Lo que cuesta explicarse es que si la tecnología se usa para que todos –aficionados, periodistas, jugadores, resto de involucrados incluyendo los árbitros- queden claros de lo que realmente sucedió, ¿por qué no proceder a realizar las modificaciones que coloquen las cosas en su lugar?
De no ser por las repeticiones en las gigantescas pantallas del Soccer City, hubiera quedado cierta incertidumbre sobre la acción de Tévez, pero puesto en evidencia tan claramente el error arbitral, México recibe un golpe psicólogico brutal. Por eso es que cuando a Maradona le preguntaron cómo hubiera reaccionado de haber sido su equipo victima de ese fallo, se desvió hacia las agresiones que sufre Messi.

El árbitro central, Rossetti, cuando fue al centro de la cancha para reanudar el juego después de la ruidosa protesta, sentía que la tierra se abría debajo de sus pasos y que su cabeza giraba como trompo, pero no había nada que hacer. Nunca se ha cambiado una mala decisión. Es hora de pensar qué debe hacerse, en beneficio de los intereses del juego.