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“El nuevo Pelé”, dijeron de él en Brasil, y se lo creyó mientras comenzaba a crecer en el firmamento internacional, jugando para la Selección. Robinho fue siempre, desde sus inicios con el Santos, un jugador de alardes, con una confianza ciega en su dribbling y abusando de las “bicicletas”. Un experto en zigzaguear, escapar y disparar.

Por 30 millones se fue al Real Madrid, y después de un ruidoso debut contra el Cádiz, fue atrapado por la irregularidad. Como la mayoría de jugadores brasileños que han saltado hacia Europa, creyó tener las llaves de las puertas del cielo sin sacrificarse, y se entregó a la vida bohemia, enfrentándose con un periodismo de duro marcaje.

Quiso ir al Chelsea, pero el Madrid lo colocó en el Manchester City, en proceso de drástica modificación por 42 millones. Tampoco pudo acomodarse en el fútbol inglés y regresó al Santos como préstamo. De regreso a casa, recuperó parte del brillo perdido, contando con la confianza de Dunga para asegurar su puesto en la Selección.

En un Brasil en que todos parecen valer igual, sin figuras cumbres como Pelé, Garrincha, Zico, Romario, Ronaldo, Ronaldinho y el Kaká que todavía vimos en la Copa Confederaciones, Robinho está logrando reconstruirse exitosamente, mostrando la madurez que tanta falta le hacía.

A los 26 años, se le ha observado responsabilidad en su juego. Ya está claro de que no se trata de driblar a su sombra, inclinarse por el show y sentirse en la luna, sino de ofrecer su aporte a la causa como “uno más”, que es como debe ser, lo que engrandeció a Pelé desde muy chavalo.

Lo más impresionante del reconstruido Robinho en esta Copa, no ha sido su gol contra Chile, ni sus cambios de dirección y velocidad moviéndose en el frente de ataque, sino la utilidad que ha enseñado, siendo capaz de asumir la función de Kaká cuando éste ha estado fuera de acción, con una efectividad llamativa.

“Estoy feliz de ver cómo Robinho se ha desempeñado en diferentes funciones utilizando su versatilidad. A su rapidez en la cancha hay que agregarle su velocidad mental, lo que garantiza ese entendimiento con Kaká para provecho de Luis Fabiano”, dijo Dunga en la Conferencia de Prensa después del contundente triunfo sobre Chile.

Quizás él mismo se ha sorprendido, y eso lo ha beneficiado. Así que esta mañana, frente a Holanda en Puerto Elizabeth, distanciado de aquellos alardes, Robinho estará complementándose con Kaká y Luis Fabiano, utilizando com soporte el trabajo de Alves y Gilberto, en busca de facilitar a Brasil el pasaporte a semifinales contra el ganador de Uruguay-Ghana.

En un Brasil muy transformado por Dunga, con el destaque de un central como Lucio, capaz de sujetar, marcar, habilitar y proyectarse, y un lateral con tanta incidencia como Maicon, que además juega hacia atrás y logra establecerse aún sin la pelota, Robinho ha encontrado la posibilidad de esta reconstrucción tan útil para su futuro.