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Rafael Nadal venció 6-4, 7-5 y 6-4 y ganó su segundo Wimbledon frente al checo Tomas Berdych. Fue una plácida tarde de verano para el número uno del mundo, que conquistó su octavo título grande con la tranquilidad que distingue a los campeones: puesto frente a un sacador del calibre de Berdych, Nadal redujo el juego de ataque del checo a un juego de niños. El mallorquín restó más de lo que le habían restado al número trece todos sus rivales previos juntos. Operó con decisión en los puntos de break, que definió con precisión de cirujano. Y acabó ganando el torneo en tres sets, con Berdych desquiciado, el público entregado y la copa entre sus dientes. Al checo le vino grande el partido decisivo. Nadal, es el resumen del encuentro, terminó dando una voltereta sobre la hierba de Wimbledon.

“Esto es más que un sueño”, ha dicho el campeón, excelente al servicio. “He vuelto aquí tras un año muy difícil. Esto es más que un sueño”, ha insistido. “No venir aquí en 2009 fue uno de los momentos más difíciles de mi carrera. Quiero agradecerle a mi familia y a mi equipo su apoyo, y también al público, que me hace sentir cosas increíbles. Muchas gracias por su respeto: hace dos días jugué contra Andy [Murray], un jugador local, y hubo mucho respeto. Eso no pasa en todas las pistas del mundo”, cerró el número uno.

“Ha sido demasiado fuerte. Lleva meses demostrando que es un campeón. Se merece la victoria”, ha declarado Berdych ya con el trofeo de subcampeón en las manos. “Nunca digas nunca, así que espero que esta experiencia me dé fuerzas para volver aquí más fuerte. ¿Quién sabe qué pasará los próximos años?”

Nadie sabe eso, pero la final ofreció una fotografía excelente de lo que es el tenis de hoy en día, de qué pasa en la caseta desde que arrancó el año: el tenis era un deporte que buscaba quién lo gobernara, perdidos en la competición los máximos favoritos, rota cualquier estabilidad en los resultados de los mejores del circuito. El tenis, ahora, ha encontrado en Nadal a un líder, al único valor seguro: el mallorquín ha ganado los dos últimos títulos grandes (Roland Garros y Wimbledon), el dificilísimo doblete tierra-hierba, después de pasarse 11 meses sin vencer un título. Ahora mismo, no hay quien pare al número uno del mundo.

Hace un año, Nadal pasó por Wimbledon para anunciar que no jugaba, que no podría defender su título de 2008, que las rodillas se lo impedían. Dos años después de aquella mítica final disputada a cinco extenuantes sets contra el suizo Roger Federer, Nadal volvió y reclamó lo que es suyo: la corona de Wimbledon.