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Aturdido, sintiéndose partido por un rayo, acribillado por críticas de todos lados, sin atreverse a levantar la cabeza, Diego Maradona dijo en Ciudad del Cabo después de la derrota 4-0 ante Alemania: “Fue como recibir una trompada de Alí, algo peor que cuando me retiré”. El Maradona retador, sonriente, irónico, arrogante, se había esfumado, y lo que unos 800 periodistas veíamos en las pantallas de la Sala de Prensa del Ellis Park, era un Director Técnico que se lo tragaba la tierra, difícil de escuchar, casi gimiendo.

Para los argentinos, Maradona es un Dios, todos lo sabemos, y pese a lo cuestionable que fue su manejo durante la complicada fase clasificatoria suramericana, se tambaleó, como ahora, pero no cayó. Siempre se ha tenido la impresión de que sólo él va a decidir si continúa o no, porque ¿quién se atrevería a quitarlo?

“Esperaremos el trabajo que haga quien venga”, dijo insinuando estar preparado para irse, pero de inmediato, Tévez, Messi y Mascherano, saltaron para pedirle que se quedara. “No hay nada que reprochar”, expresó Tévez, en medio de señalamientos sobre la terquedad de Diego para no fortalecer el centro del campo, sector en el cual, Alemania construyó la paliza.

Ayer, un Maradona aparentemente reflexivo dentro del laberinto en que se encuentra, afirmó según lo publica el diario Olé, que no va a seguir, que necesita cortar para dedicarse a la familia, que está bueno ya, que hizo todo lo que pudo. La pregunta es: ¿Se le puede creer a quien tanto disfruta de estar bajo la luz de los reflectores, como ocurría con Muhammad Alí?

Si Diego no fuera Maradona, podría haber sido sustituido antes de la Copa aguijoneado por tantas complicaciones, pero sobrevivió, y los resultados de los primeros cuatro juegos, lo fortalecieron aquí. Dueño de una viveza natural, a Maradona le dio resultado su camaradería para mantener muy unido al equipo. Él mimaba a sus muchachos, los abrazaba, los defendía y los hacía sentirse sus protegidos. Eso le facilitaba una coraza.

Se le advirtió que pese a los triunfos, tenía que hacer modificaciones para enfrentar a Alemania, sobre todo en el medio campo, territorio que Low el técnico germano, le concede prioridad, porque es ahí que se deciden las batallas. Mascherano corre, pelea y obstruye, pero no garantiza conexiones; Verón no pudo mostrar su incidencia, y tampoco Maxi, por lo tanto, Messi tenía que ir atrás para conseguir balones, y necesitaba acompañamiento para proyectarse, sin tener que desembocar en la gestión individual. No fue posible. Todavía Low hizo un agregado importante, señalando que por las bandas Argentina sabía subir, pero no bajaba a tiempo para cubrir.

Maradona, que previamente trató de disminuir a Müeller y Schweinsteger hablando al bolsazo, nunca admitió que falló. Se refirió al esfuerzo de los muchachos, dijo que era un gran grupo, que deberían mantenerse unidos, que había mucho futuro, que estaba impactado por la forma en que la derrota los golpeó, y dejó en el aire su decisión.

Ahora, dice que no va a seguir. Pero, conociendo lo imprevisible que es, ¿se le puede creer?