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La foto lo decía todo aquel domingo 28 de julio de 1991. Ahí estaba un hombre de cabellos tercos, sudoroso y agotado por un esfuerzo mayúsculo de músculo, corazón y cerebro. Lloraba después de conseguir la hazaña agradeciéndole al Señor Todopoderoso, haber estado junto a él en cada lanzamiento, empujándolo lo suficiente para resolver ese machucón de Juan Samuel que casi destroza el intento de su “Mona Lisa”, acelerando a Marquis Grissom para atrapar ese batazo mal intencionado de Chris Gwynn que fue el último out de aquel juego, su obra maestra, todavía algo único entre lanzadores latinos, gracias al mal fallo que evitó la consagración de Armando Galarraga hace unos meses.

En el dogout de los Expos de Montreal, una vez concretado el Juego Perfecto, Denis Martínez miraba fijamente la pelota entre sus manos, como incrédulo, tratando de sentir sus pies sobre la tierra y haciendo que su alma regresara al cuerpo, después de ese prolongado rapto de inspiración que se extendió por nueve entradas. Sacar 27 out consecutivos sin nadie en las bases, pertenece a las rarezas del juego.

En la foto que todavía conservo, daba la impresión de estar orando: Gracias Señor por haberme dado este brazo derecho tan sereno, durable y obediente… Gracias por haberme permitido atravesar este momento de grandeza y excitación suprema… Por despertarme a tiempo para reaccionar ante tantos factores adversos que me emboscaron amenazando destruirme… Por guiarme convenientemente para descartar las peligrosas desviaciones que tanto daño me hicieron… Gracias por ayudarme a hacer posible, que el nombre de Nicaragua brillara intensamente detrás de una de mis ejecutorias… Gracias por tu infinita bondad y misericordia. ¿Qué hubiera sido de mí sin juntar todo eso? Quiero que sepas que estoy claro de tu incidencia.

Gracias por haberme proporcionado la facultad para apreciar la humildad y mantenerme apegado a ella… Gracias por esta familia tan unida y estimulante, jefeada por una mujer para mí incomparable, como es Luz Marina, un verdadero farol en la niebla cuando necesité ayuda desesperadamente… Gracias por mantener tanto tiempo a la afición de un pequeño pero valiente país, pendiente de cada uno de mis trabajos, en una época en que la comunicación no ofrecía tantas facilidades como ahora… Gracias por colocarme en ruta hacia cifras importantes a través de un esfuerzo constante, una dedicación callada y un rendimiento de acuerdo a las exigencias.

Gracias Señor por no equivocarme al decidir dejar de estudiar ingeniería para convertirme en pelotero de tiempo completo, firmando y buscando cómo proyectarme con la fuerza que proporciona la juventud y un corazón ardiente… Gracias por sacarme de la flaqueza y ser soporte de todas mis pretensiones, haciéndome desembocar en este imprevisto Juego Perfecto.

Ahí está otra fotografía, con Denis tratando de elevarse hacia el cielo mostrando sus ojos desmesuradamente abiertos por el asombro, su puño derecho crispado y su guante izquierdo cobrando vida. Una imagen para ser captada por el pincel maestro de Goya, o de Rafael. Un momento para recordarlo cada día mientras el tiempo pasa.

Después de 19 años, con la proeza todavía latiendo, Denis sigue diciendo ¡Gracias Señor!