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La gente que maneja el billar en Nicaragua, no sale de su asombro frente al nivel de rendimiento que ha alcalzado Karen García, esa estudiante de cuarto año de bachillerato que con sólo 16 años, fue capaz recientemente de ganar dos medallas de oro Panamericanas en las categorías juvenil y mayor, correspondientes a la especialidad de “Bola 9”. Agreguen a este doble éxito en Caracas, Venezuela, la medalla de oro conseguida por Karen en 2009, aquí en el terruño.

“Su evolución ha sido sorprendente y de ribetes espectaculares. En Caracas, mostró un dominio de la habilidad cultivada y una seguridad en sus ejecuciones, impresionante”, dice genuinamente emocionado, el dirigente Carlos Rivera, mientras la observa practicar, con miras a su presencia en el Mundial que se efectuará en Reno, Nevada.

Todo en ella es sencillo su forma de hablar, la brillantez de su rostro moreno, el manejo del taco sobre el tapete impulsando la bola, su control emocional, esa pasión por el juego y el relacionarse con los otros. “Soy producto de una familia de billaristas que encabeza mi padre Marcos García, y que he contado con el apoyo de mi madre Socorro Gallegos. Me he concentrado en la práctica desde los 12 años, y obtuve el máximo provecho de las enseñanzas ofrecidas en las mesas del Club Pool Ocho, por el entrenador Joseph Mejía en 2009. Con lo que he conseguido, se ha fortalecido mi confianza”, explica.

“Ganar un torneo, siempre es un propósito saludable, pero hay que estar consciente del grado de dificultad que debe superarse. Llegué a Venezuela sabiendo que para poder avanzar, tenía que jugar sin errores, y cuando garanticé estar entre las 16 mejores, me sentí estimulada, no presionada. Se trataba de jugar con la mayor soltura posible cuidando de las posiciones sobre el tapete como lo exige este juego. Seguí avanzando hasta llegar a la final y lograr imponerme”, expresa mientras sonríe y golpea las bolas con singular destreza.

“El mayor nivel de competencia de las rivales, exige superarse al máximo. Lo esencial es un buen adiestramiento. Yo invierto entre dos y tres horas diarias, porque tengo que atender mis estudios, y sé que en tiempo de dedicación estoy en desventaja. Voy a tratar de utilizar más tiempo para ir a Reno y competir en el Mundial”.

Motivada por su hermano mayor Eleázar, a su corta edad, esta jovencita ha estado en cuatro Panamericanos y tres Mundiales, dándole forma a un sueño: llamar la atención con su juego y abrirse paso hacia posiciones de vanguardia. ¿Por qué no seguir creciendo en un Mundial?

“Sé que me falta, y me esfuerzo en el aprendizaje. Lamentablemente no podemos tener un entrenador todo el tiempo, pero pienso que en Reno, voy a seguir avanzando. La evolución tiene que ser sostenida y estoy en eso”, dice Karen, interrumpida un rato por el cronista en su entrenamiento.