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Los bateadores de San Diego no pudieron dormir. Ellos se levantaron la madrugada de ayer jueves rascando sus cabezas y estuvieron haciendo inútiles swings imaginarios, intentando descifrar los lanzamientos del ahora eficazmente enloquecedor, Vicente Padilla.

“¿Qué puedes hacer contra un pitcher que combina con habilidad diferentes lanzamientos que se mueven entre 49 y 93 millas, exhibiendo un excelente control?
El pitcheo de Padilla lo fue todo”, dijo sin poder ocultar su asombro, el manager de los Padres, Buddy Black, quien vio derretirse como gelatina los bates de Miguel Tejada, Adrián González y Yorvit Torrealba cuya racha de 15 juegos hiteando fue cortada.

Los cronistas de Los Ángeles y San Diego obtuvieron mucho material en el dogout de los Padres para aderezar las notas publicadas en el “Times” y el “Union”, que disfruté frente a la pantalla de mi computadora.

“Esa manera en que está lanzando desconcierta. Maneja con confianza esa curva lenta y continúa con bolas rápidas a diferentes puntos, con preferencia abajo. No le había visto esa curva grande, lenta y con mucha precisión. Ese es un diferencial extremadamente raro”, agregó Black, menos atormentado que sus bateadores, porque no estaba en el line-up.

¿Qué pitcher no siente que el montículo se afloja y su brazo se recorta cuando enfrenta al artillero mexicano Adrián González?
Padilla lo hizo lucir tan inofensivo como un cordero ante un león rugiente. “Esa curva desajusta pero lo que nos mató es su bola rápida. Para vencerlo hay que batear su bola rápida, si no lo consigues, te sientes anulado”, admitió González con sus colmillos limados.

“Nos sacó de balance. Cuando un pitcher consigue eso es difícil descifrarlo. Uno se prepara para atacar la bola rápida y se encuentra con una curva que parece descender desde cualquier parte. Hay que darle a Padilla el crédito que merece”, admitió amargamente Yorvit Torrealba el catcher aturdido.

Desde su regreso, Padilla ha estado en crecimiento, borrando las ironías sobre su escogencia como pitcher del primer juego de los Dodgers este año, lo cual es considerado un toque de distinción. Como un mea-culpa, el “Times” de Los Ángeles abre su crónica preguntando ¿Quién se está riendo ahora?, en clara referencia a “él o nosotros”.

Las transmisiones del “Canal 4” han permitido al público pinolero observar, deleitarse y valorar el pitcheo del nicaragüense. Ahora todos están claros del material que tiene, como lo usa, y cuáles podrían ser sus proyecciones en plena etapa de madurez. Seguramente, están pensando que con el afilamiento de ese pitcheo enloquecedor, los mejores días y noches están por venir.

Vicente no lamentó el hit de Ryan Ludwick en el séptimo después de 19 outs, sometiendo a los Padres a un silencio sepulcral. “Fue una línea sobre un buen lanzamiento. No puedo hacer nada cuando conviertes en hit un pitcheo apropiado. No usé muchos envíos y eso me satisface”, manifestó Padilla, quien entró al noveno con 96 disparos y logró reducir a 3.09 su efectividad.

¿Cómo aburrirse escribiendo sobre este Padilla tan afilado? Déjenme cambiar el toner de mi impresora. Ya regreso.