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Usain Bolt derrotado en los 100 metros. No, no puede ser. Uno pensaba que antes de ver eso, primero se le acabarían las baterías al sol y todo se apagaría. Pero ocurrió esta semana, cuando el estadounidense Tyson Gay, con dos años de mal dormir obsesionado por vencer a Bolt, lo logró en Estocolmo, Suecia, durante un evento de la llamada “Liga Diamante”.

Después de dos salidas falsas, un Gay mejor enfocado y con superior condición física, detuvo los cronómetros en 9.84 segundos, por 9.97 de Bolt, terminando con una invencibilidad de 745 días del meteoro jamaiquino, quien no perdía desde el 22 de julio del 2008, precisamente en esa pista. Lo clave, según los expertos, fue la mayor rapidez del tiempo de reacción de Gay, frente a un retardado Bolt.

¿Han escuchado el quejido de un muerto?, pregunta Juan Rulfo en su formidable Pedro Páramo, y viendo perder a Bolt, quien ha sido capaz de establecer marcas tan asombrosas como 9.69 segundos en una final Olímpica --frenando en el cierre-- y 9.58 en la final de un Mundial, es natural preguntarse ¿Han visto a un relámpago “cojeando”?

Se supone que el fenomenal Bolt es capaz de correr los 9.84 registrados por Gay, con saco, corbata y mocasines bien lustrados, pero flaqueó hasta 9.97, mostrándose como un extraño. Y es que Bolt no ha sido un caso como el de Bob Beamon, quien después de aquel salto largo de 8.90 metros en México 68, nunca más volvió a aproximarse a esa marca.

Bolt ha sido tan constante que pese a lo fantasioso de sus 9.58 segundos, ha provocado expectativas alrededor de la posibilidad de mejorar ese récord, próximo al límite de la capacidad humana.

Que el ganador del bronce Richard Thompson de Trinidad haya registrado 10.10 segundos, le quita nivel a esa competencia, porque si recuerdan, en la gran final de Beijing, detrás de Bolt, el mismo Thompson logró 9.89, y el estadounidense Walter Dix 9.91, para quedarse con la Plata y el Bronce, en tanto tres sprinters más: Churandy Martina (9.93), Asafa Powell (9.95) y Michael Frater (9.97), permitieron establecer la marca de seis finalistas debajo de los 10 segundos, superando los cinco de Atenas en el 2004. Marc Burns y Darvis Patton también lo hubieran logrado pero al verse sin chance perdieron impulso registrando 10.01 y 10.03 segundos.

Desde chavalo, siempre tuve una idea fija alrededor de los 100 metros: no existe un evento más electrizante y envuelto en una mayor dosis de suspenso que la lucha entre los relámpagos de la pista.

En los 100 metros nadie puede parpadear. Todos: público, protagonistas, jurados y periodistas, nos sentimos a bordo de un tren bala, atrapados por una agitación imposible de controlar. Ese ruido de tambores de guerra --¿lo han escuchado alguna vez?--, es producto de los latidos de nuestros corazones. Es, como si por diez segundos, el mundo se detuviera, la gravedad dejara de funcionar y el viento se empinara para no perderse detalle.

Usain Bolt ha sido vencido. Eso demuestra que incluso los relámpagos, pueden “cojear”.

dplay@ibw.com.ni