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“Tengo 19 años, recientemente obtuve una medalla de oro en el Panamericano de Bola 9 realizado en Venezuela, entreno todos los días y estoy cursando tercer año de Ingeniería Industrial en la UCA. Así que no me digan lo que pasé escuchando cuando era chavalo, que el billar era para vagos.

Mi hermana Karem, de 16 años, estudia bachillerato, está avanzando y es también Campeona Panamericana”, me dice mientras “entiza” su taco, en Pool Ocho, su centro de adiestramiento.

“Mi papá tiene un billar, pero su prioridad fue siempre la educación de sus cinco hijos, dos mujeres, todos apasionados por el juego. Ningún deporte es vagancia si se sabe distribuir el tiempo”, agrega.

¿Por qué el billar y no otro deporte de mayor exigencia física?
“Incluso el ajedrez necesita preparación física y el billar también, pero la mayor atracción de este juego es el uso de la geometría, de la imaginación, de la ejecución con un tacto obediente, de la física por su movimiento, desplazamiento y los impactos. Mentalmente es un juego estupendo en cualquiera de sus especialidades”.

¿Por qué Bola 9 y no carambola?

“Es asunto de atracción. Me gusta más la especialidad de Bola 9. Hay Bola 10, también derivado del Pool, y están las carambolas. El doctor Bone, por ejemplo, prefirió las carambolas”.

¿Qué chance tenés en el Mundial de Reno?

“He mejorado mucho, pese a que sólo he tenido un entrenador y esa es una desventaja, pero en el país no hay recursos para una gran contratación a tiempo completo.

Un Mundial es muy difícil, pero de pronto uno se siente en pleno crecimiento, como vi a mi hermana Karem en el Panamericano. Ya veremos hasta dónde puedo avanzar con el torneo en desarrollo”.

¿Cuántos años más compitiendo?

“Pienso que posiblemente un año más, porque voy a entrar a la recta final de mi carrera y quiero concentrarme. Naturalmente tengo ganas de seguir, pero como dije antes, se trata de establecer prioridades. Es el futuro de cada uno lo que está en juego y nuestros padres quieren vernos convertidos en profesionales. Después seguiré jugando por distracción”.

Un joven veterano de tres Panamericanos y tres Mundiales, Marcos García, un futuro ingeniero industrial sigue trabajando sobre el tapete verde buscando pulirse como billarista pensando en el reto de competir en Reno. “Que quede claro, ser billarista, no es ser vago”, me dice antes que cierre la libreta.