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Después del swing de Troy Glauss, haciendo zumbar la pelota encima de la pared del jardín central impulsando tres carreras en el cierre del quinto inning, me pareció ver a Vicente Padilla sin su brazo derecho, esa poderosa arma que lo ha mantenido en las Grandes Ligas por tanto tiempo. Pensé, mientras frotaba mis ojos buscando claridad frente a la pantalla del televisor, que los Bravos, con ocho carreras en apenas cuatro entradas y dos tercios, se lo habían “arrancado”, mordiéndole hasta 3.96 su efectividad, asestándole su cuarta derrota.

La victoria de los Bravos sobre estos sangrantes Dodgers por 13-1, fue humillante. Eso sí, en medio de los escombros de esa catástrofe monticular, no escuché ningún quejido por parte del pinolero, lo que me hizo recordar que los hombres duros como Leónidas, el de las Termópilas, no conocen de lamentos, sólo luchan, aunque no siempre triunfen.

El pitcheo es una “ciencia imprevisible”, y como tal, no tiene la menor certeza por mucha maestría que tenga el hombre en la colina. Una curva lenta, de esas que parecen dibujar con delicadeza la joroba del inolvidable personaje de Víctor Hugo, y que son usualmente desorientadoras, fue golpeada en la nariz por Melky Cabrera en el tercer inning, durante una arremetida de cuatro carreras con cinco hits, y una contrastante bola rápida que ascendió peligrosamente, fue colocada en órbita por Glauss en el quinto, cerrando otro “operativo” de cuatro carreras contra un Padilla vulnerable, agujereado, viendo sus recursos incinerados, saliendo con el marcador en contra 8-0.

El bullpen de los Dodgers volvió a flaquear y los Bravos, todavía sorprendentes líderes del Este en la Liga Nacional encima de los archi-favoritos Filis, pendientes del regreso de Ryan Howard y Chase Utley, se extendieron con cinco carreras más para totalizar 13, por sólo una de la tropa que dirige Joe Torre, cuyo bateo malogró dos excelentes posibilidades en el inicio del juego frente a Jair Jurgens, una en la parte alta del primer inning con hombre en tercera, sólo un out, y Ethier ponchándose antes de fallar Loney en roletazo al short, y otra en el cuarto, perdiendo 4-0, cuando con corredores en segunda y tercera y un out, Kemp se ponchó y Belliard se derritió.

Los Dodgers, que tanto sudan y sufren para producir, sólo fabricaron dos carreras con 12 hits la noche del sábado para que el restaurado zurdo Ted Lily, lograra su tercera victoria consecutiva desde que aterrizó en Los Ángeles, por 2-1. Nada que ver con el tirador frustrado visto con los Cachorros de Chicago, es decir, una historia similar a la de Padilla en 2009, cuando salió de Texas en la misma dirección.

¿Qué es lo que más duele? La forma en que Vicente ha retrocedido, después de mostrar 2.98 en carreras limpias antes de la agresión sufrida ante los Filis, hasta este 3.96 próximo a la zona roja, en el preciso momento en que los golpeados Dodgers, cuartos en el Oeste, necesitan de su mejor material, como el año pasado.

Anoche, repasando las imágenes de la debacle, Vicente como es natural, no durmió.

dplay@ibw.com.ni