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¿Recuerdan al cubano Rey Ordóñez? Por supuesto, si en el 2004 en tres campañas consecutivas ganador de Guantes de Oro con los Mets entre 1997 y 1999, todavía estaba tratando de mantenerse en las Mayores con los Cachorros a la edad de 33 años. En cierto momento, mostrando sus deslumbrantes habilidades defensivas, Ordóñez fue llamado “el nuevo Ozzie Smith”, pero sus limitaciones ofensivas, en una época en que se exigían mayores aportes de un paracorto, carcomieron su futuro.

Precisamente, en apenas su segundo año como big leaguer, el pinolero Everth Cabrera, más rápido que Ordóñez corriendo en los senderos --no propiamente cubriendo terreno aunque parezca un contrasentido--, con un guante cada vez más seguro y siendo dueño de un brazo poderoso, está batallando por su futuro buscando como afilar su “ojo de águila” en el cajón de bateo y aplicar ajustes necesarios a su swing frente al pitcheo enemigo.

Ese es el objetivo de su envío por unos días al nivel Triple A con el Portland. Los tiempos de Willie Miranda quedaron atrás. En la época en que se construyeron las Pirámides de Egipto, los shorts estrictamente defensivos que bateaban más faules que líneas en territorio fair, tenían lugar en los box scores, no ahora, mucho menos cuando el equipo cabalga rumbo a la postemporada luego de quebrar todos los vaticinios con un imprevisible rendimiento, tal es el caso de estos agrandados Padres.

En los años 50, todos los equipos, incluso los Yanquis, querían tener al cubano Willie Miranda en el short, pero ninguno frente al plato. Como Ordóñez, su gran proeza ofensiva fue registrar .255 puntos con los Orioles en 153 juegos, pero al bate, siempre estuvo moviéndose “bajo tierra” con porcentajes de .220 puntos y hasta con menos de .200.

En ese tiempo, cerrando los 50 y comenzando los 60, aquí en la Profesional, preferían paracortos que batearan como Ronnie Hansen, Zoilo Versalles, Lee Tate, Leonardo Cárdenas y otros que pudieran presionar como lo hizo siempre Rigoberto Mena. Incluso Orlando Martínez del Oriental, tenía significado con el madero.

Cabrera como novato envió unas señales que los Padres y nosotros, vimos como llamaradas. Fildeando, corriendo y bateando, la utilidad del muchacho de Nandaime, sorpresivamente instalado en la Gran Carpa, se veía en relieve.

En los cálculos previos, algunas publicaciones especializadas se atrevieron a considerarlo un probable robador de 50 bases, siempre y cuando bateara alrededor de los .260 puntos, un ligero salto hacia adelante después de sus .255 en la pasada temporada, cuando robó 25 bases en 103 juegos.

Diagnosticados como equipo sin posibilidades para este 2010, los Padres se han sostenido largo tiempo como líderes del Oeste en la Liga Nacional, y preocupados por ver a Cabrera oculto en el cajón de bateo danzando alrededor de los .200 puntos, consiguieron a un veterano todavía con algo de fuego como Miguel Tejada, para poder tener a un short respetable en el plato.

Tejada no ha sido un ruidoso artillero con San Diego, pero obviamente tiene mucho más presencia que Everth. Seguramente el nica regresará dentro de unos días cuando se amplíe el roster a 25, pero quedará cobijado por la intriga de ser incluido para los Play Offs. Eso, está por verse.