Edgard Tijerino
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En la carretera de los 35 años, Ricardo Mayorga necesita pelear lo más pronto posible. Salió de la extrema pobreza a puñetazo limpio, masticando carbones encendidos, pero, como ocurre en la mayoría de los casos que el boxeo nos grafica, no supo administrar lo producido cuando los reflectores seguían sus pasos entre las cuerdas y las bolsas eran suficientemente grandes.

Así que necesita dinero. ¿De qué otra forma puede “fabricarlo” si no es fajándose, sacándole provecho a lo que le queda de cuerda y facultades? Como es natural, después de haber estado involucrado en cruentas batallas, no es el peleador con golpe de martillo y aguante de roca que cortó las “seis cabezas” de Andrew Lewis y pulverizó a Vernon Forrest, pero todavía es un generador de emociones con ese estilo típico de originales suicidas.

Adentro siempre, sin importar que lluevan las balas. Exactamente lo que siempre le va a gustar al público, lo que les permitió ser súper-taquilleros a púgiles como Jake LaMotta y Rocky Graciano, capaces de colocar sus cejas en el piso, sacudirse la dentadura crujiente y seguir peleando.

Mayorga pertenece a esa raza. Cuando se mete al violento y destructivo ajetreo de los cambios de golpes siente que es alguien, que su vida tiene propósito, que se encuentra en el centro del mundo.

Después de vencer a Fernando Vargas en una trepidante batalla que parecía tener como escenario el desfiladero de Las Termópilas, Mayorga esperaba provocar un gran interés y resucitar como figura aprovechando la alarmante escasez de valores. Eso, lamentablemente, no ha ocurrido.

Es por eso que si no está en acción, inventa compromisos o finalmente pelea solo, pero promocionalmente se mantiene en movimiento, lo que tiene utilidad. La gente de Miguel Cotto no sabe nada sobre una posible pelea con Mayorga, y uno de los primeros sorprendidos fue el colega Ricardo Jiménez, quien trabaja con los promotores del supuesto combate.

Cotto, titular AMB de las 147 libras, debe enfrentar el reto del mexicano Alfonso Gómez el 12 de abril, y luego medirse con el ganador entre el titular de la FIB, Kermit Cintrón, y el número uno de la OMB, Antonio Margarito.

“Eso no tiene alteración. Mayorga no está en los planes inmediatos”, dijo Ricardo al cronista nicaragüense del diario La Opinión de Los Ángeles, Carlos Alvarado.

El casillero de las 147 libras no parece ser el apropiado, pues ha fallado en registrar las 154. Él debe combatir como Súper-welter para evitar un esfuerzo extremo que podría afectarlo seriamente.

Perdiendo de vista que la vida como boxeador productivo es corta, Mayorga derrochó lo ganado y desde la zona roja busca con cierta desesperación, pelear para cobrar, pagar y equilibrarse. Eso no se consigue peleando solo, como está siendo visto Ricardo en pantalla.