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RLANDO
Desde 1984, Roger Clemens tuvo 744 salidas en partidos oficiales de Grandes Ligas (707 en temporadas, 34 en playoffs y tres en Juegos de Estrellas), unas más importantes que otras.

En la mayoría de los casos salió airoso (exactamente en 369 ocasiones; 354 en regular, 14 en playoff y una en Juegos de Estrellas), en otras se fue sin decisión (180) y en otras salió derrotado (195), aunque casi siempre compitió hasta el extremo por los resultados.

En esas aperturas, Clemens consiguió 47 blanqueadas (46 en series regulares), dos partidos de 20 ponches (29 de abril de 1986 contra Seattle y 18 de septiembre de 1996 contra Detroit) y abrió ocho veces en la Serie Mundial.

Sin embargo, ninguna de esas asignaciones fueron tan importantes como la que tendrá “El Cohete” ante un comité del congreso de Estados Unidos hoy miércoles.

Por 24 años, Clemens se acostumbró a enfrentar (y vapulear) a las mejores alineaciones del béisbol, siempre contando con el apoyo de sus compañeros en el terreno y con una pila de informaciones de los scouts de avanzada.

Ahora el juego será diferente. Clemens tendrá un equipo de abogados cuidando su espalda, pero realmente no tiene ninguna idea acerca de las preferencias y debilidades del único bateador que tendrá en el plato: Brian McNamee.

Para Clemens será como enfrentar una alineación con nueve Barry Bonds y todos comenzando el turno con el conteo a favor, digamos que con dos bolas sin strikes.

Clemens tendrá que ser fino, casi perfecto, para salir airoso de este peligroso juego. Su repertorio es difícil, pero recuerden, estamos hablando de nueve Bonds repetidos, uno detrás de otro hasta el final del noveno.

Como mínimo cada Bonds agotará tres turnos para un total de 27 oportunidades garantizadas. ¿Hay algún pitcher capaz de dominar 27 veces a Bonds en un juego sin resultar lastimado?
No hay posibilidad de acudir al bullpen. De hecho, no habrá bullpen. Sólo Clemens y sus defensores, McNamee y sus defensores, algunos árbitros del congreso (que en ocasiones podrían lucir que juegan del lado de McNamee y en otras del lado de Clemens) y millones de fanáticos a la expectativa.

Lo que está en juego es más importante que la Serie Mundial de 1986, cuando Clemens y los Medias Rojas de Boston perdieron en siete juegos ante los Mets de Nueva York. Más importante que las cinco Series Mundiales que jugó contra los Yanquis y más que la histórica llegada de los Astros de Houston al Clásico de Otoño de 2005.

Clemens está obligado a usar todo su arsenal (el mismo que le ayudó a cosechar una de las mejores carreras de todos los tiempos para un lanzador) para limpiar su nombre de la enorme mancha de sospecha que ha lanzado McNamee al revelar que lo inyectó 16 veces con sustancias para mejorar el rendimiento.

Clemens llega al partido de su vida en condiciones desfavorables. Estará jugando en casa ajena, con su equipo al borde de la eliminación y con mucho que perder y poco que ganar.

e su desempeño dependerá no solamente que gane el juego, sino además evitar otro partido extra, que sería contra el Departamento de Justicia.

n su salida de hoy, Roger Clemens se estará jugando el honor y la credibilidad, algunas de las pocas cosas que aún no se venden por Internet ni en clínicas especiales.

Clemens realizará la salida más importante de su carrera, y de su vida.