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Egipto se impuso con claridad al Camerún de Eto’o en la final de la Copa de África.

Nadie puede dudar de su triunfo, hasta corto si se analiza el partido con frialdad. Los Faraones jugaron como un equipo y Camerún se salvó de más goles por la actuación inspirada de su portero, el espanyolista Kameni. Los egipcios, ganadores de la edición de 2006, llegaron sin grandes alardes y ya demostraron en el primer encuentro del torneo, precisamente ante Camerún (4-2), que había que contar con ellos entre los favoritos. Dominaron el centro del campo y el balón, creando más peligro que los Leones Indomables. Pero Kameni salvaba una y otra vez ocasiones claras de Hosny, Aboutreka y Emad. Sus compañeros no existían en ataque, con el barcelonista Eto’o prácticamente solo en su esfuerzo y muy bien marcado.

No cambió el decorado tras el descanso. Incluso se acrecentó el dominio egipcio con la entrada de Zidan, cuando quedaba media hora de partido. En el minuto 60 el poste salvó un cabezazo de Hassan con Kameni ya batido. El gol tardó en llegar 17 minutos.

Entonces un error del defensa Rigobert Song provocó el robo del balón por parte de Zidan con pase a un desmarcado Aboutreka, que anotó raso ante la salida de Kameni. Zidan resultó elegido el jugador más valioso de la final.

El gol dio serenidad a la selección egipcia, a pesar de una tímida reacción camerunesa buscando desesperadamente su estrella, que fue superado con frecuencia por los zagueros y que terminó con un golpe en la pierna izquierda.

Es la sexta Copa de África para Egipto, la segunda consecutiva, lo que supone una prima de 100.000 dólares (68.932 euros) para cada jugador. Él técnico, Hassan Shehata, también hace historia, al conseguir su segundo triunfo en el torneo continental. Egipto no ha sufrido ninguna derrota en la fase final.

A Eto’o, tremendamente cariacontecido tras la final, sólo le queda el consuelo de acabar como máximo goleador del torneo, con cinco tantos.