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En la terminal aérea del Aeropuerto Internacional había ayer un ambiente cargado de emociones. Algunos de los siete jugadores se mostraron angustiados, otros alegres, al ser recibidos por parientes, medios de comunicación y federados, tras su arribo de Brasil luego de decidir no continuar en la escuela de talento de los Tigres do Brasil.

Desde la espera había tensión. Los padres de familia lucían molestos por la manera como fueron criticados Róger Mejía, Nicolás Ibáñez, Raúl Fuentes, Wilmer Vásquez, Kevin Gutiérrez, Gerardo Arce y Daniel Rivera, sin escuchar su versión.

El jovencito Ibáñez fue el primero en encontrarse con su familiar, y mientras se fundía en un abrazo efusivo con su madre, Marcela Villa, atendió a la batería de periodistas que ansiaban escuchar de su propia voz el porqué no continuaron en la escuela del nica-brasileño Miguel Larios.

“Todos fallamos. No quiero echarle la culpa a nadie. Aquí falló la Federación Nicaragüense de Fútbol, porque nos mandó allá y después no sabía nada del proyecto, nosotros y los Tigres, que prometieron y no cumplieron porque no estaban las condiciones. El mismo Miguel Larios nos dijo que nos habían traído antes de tiempo”, dijo Ibáñez.

“Nos prometieron estudios en computación y portugués. Jamás los recibimos, perdimos un semestre de estudio y estábamos perdiendo otro... Las condiciones en la escuela no están en discusión, como dijeron, sino que no nos tomaban en cuenta porque los entrenadores estaban en función de los brasileños y no de los nicas”.

Un día normal en la escuela de Río de Janeiro para los ocho becados era desayunar --café y pan--, para ir a entrenar dos horas en la mañana y después no tenían nada que hacer.

“Varios de nosotros, como Gerardo, Róger, Daniel Rivera, queríamos entrenar más y pedíamos nos prestaran un balón, y nos mandaban de una persona en otra y no resolvían. Nadie puede desarrollarse con esa atención”, explicó Ibáñez.

Sólo Ibáñez, Mejía y Arce hablaron, el resto de jugadores esquivó a los periodistas que esperaban también sus reacciones.

Algunos padres no querían dar más declaraciones, “por el mal trato que le dieron a los siete jugadores que regresaban”.

“Lo que más me alegra es que mi hijo está en Nicaragua conmigo. Del resto no quiero hablar más porque en otros medios, que no es el tuyo, fueron irresponsables en la manera como trataron a los muchachos. Ellos no se merecían ese trato, porque se fueron ilusionados, pensando en un mejor futuro y no fue culpa de ellos que no lo encontraran”, dijo Villa.

Pero no deja de preocuparle a los padres que la Federación sancione a sus hijos, después que dijera el secretario de Fenifut, Douglas Lechado, que los casos de los siete jugadores pasarían a la Comisión Disciplinaria.

“No puede sancionarse a ninguno, porque eso sólo se da cuando hubo indisciplina. Y no es el caso. Creo que de esto tenemos que aprender todos, la federación, que debimos escoger con sicólogos a los que íbamos a mandar. Ésta es una batalla pequeña que perdimos, pero no la guerra”, comentó Florencio Leiva, director técnico de las selecciones nacionales.

“No sería lo justo que nos sancionaran, porque allá anduvo gente tomando, saliendo, que no dormían en la escuela, y sin embargo no se toma en cuenta eso. Nosotros todo lo contrario, estuvimos dispuestos siempre en la escuela”, reaccionó Ibáñez.

También comentaban los padres que les inquietaba que en su poder tienen un documento firmado por ellos, donde aparece como representante de sus hijos el presidente Fenifut, Julio Rocha, y no saben qué ocurrirá ahora que regresaron a Nicaragua.

En ese documento Rocha tiene el 33 por ciento del contrato en caso de que el jugador fuera vendido a algún equipo, ese mismo porcentaje tiene el padre de familia y los Tigres do Brasil.