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Era sólo el juego más importante del año para los dos equipos. Los Bravos, sangrantes, necesitaban al mejor Derek Lowe y algo de pólvora, para sobrevivir; los Gigantes conscientes también de sus limitaciones ofensivas, esperaban que Madison Burngarner, creciera y se fajara para evitar la angustia del quinto juego.

Jonrones de Cody Ross y Brian McCann por cada lado, sorprendieron. El primero, empató el juego 1-1 en el inicio del sexto, y el otro, volvió a colocar al equipo de Atlanta en ventaja 2-1 cerrando el inning.

Finalmente ganó San Francisco 3-2, sin agigantarse, con un difícil roletazo de Juan Uribe que atrapó González en gran lance, sin poder tirar bien a segunda, impulsador de Aubrey Huff y el hit oportuno de Ross que facilitó la anotación de Posey, antes de un gran out en el plato. De esa forma, aplicando un esfuerzo extra, el equipo que vino desde atrás para saltar sobre los Padres en la lucha por el banderín del Oeste en la Liga Nacional, garantizó poder utilizar la escopeta de Tim Lincecum el sábado, cuando se encuentren con Roy Halladay de los Filis, cuando se inicie la disputa por el boleto a la Serie Mundial.

No fue el final de su formidable carrera como manager, que Bobby Cox de Atlanta, había soñado, pero obviamente él no es Edison, y los peloteros que son capaces de derribar murallas para avanzar al Clásico, no se inventan.

Con Derrek Lee y el explosivo novato Jason Heyward sumergidos en .200 puntos, Matt Díaz con apenas .100, Rick Ankiel en .167 y el lead-off Omar Infante con .222, los de Atlanta sólo contaron con el bateo ruidoso de McCann, .429 puntos y empujador de tres carreras en la serie. La diferencia con San Francisco ofensivamente fue pequeña, casi imperceptible: Andrés Torres y Freddy Sánchez, registraron .125 puntos, Mike Fontenot .167, Juan Uribe un catastrófico .071 y Pat Burrell .200. El único agigantado fue el joven catcher Buster Posey con .375.

Ahora, ¿qué se puede esperar de este line-up que presenta San Francisco, contra Roy Halladay, Roy Oswalt y Cole Hamels? Sólo consideren que la mejor opción de los Gigantes, es que el dos veces ganador del Cy Young, Tim Lincecum, supere a Roy Halladay, el probable mejor pitcher del béisbol en estos momentos, enfrentando el reto de una batería destructiva.

En una serie en que cada partido se decidió por una carrera, y en la cual un error mortal de Brooks Conrad, inclinó la balanza del lado de los Gigantes, no se puede hablar de la superioridad de un equipo. Incluso, aún muriendo, los Bravos batearon dos hits más que los de San Francisco.

Lo anémico de la ofensiva y lo errático del fildeo le restó calidad a esta serie ganada por unos Gigantes que frente al plato, igual que los Bravos, parecían enanos.