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Por sus cuatro costados, estos Filis de Filadelfia, que barrieron a los Rojos de Cincinnati, se ven compactos, destructivos, casi invulnerables. Bueno, en béisbol ningún equipo lo es, menos en series cortas, en las cuales los cálculos previos son constantemente dinamitados por lo imprevisto, pero la impresión que provoca este equipo es que no hay cómo detenerlo.

¿Quién iba a pensar que aquellos Dodgers de 1966, con Sandy Koufax, Don Drysdale y Claude Osteen como abridores, y el respaldo de Phil Reagan y Ron Perranoski en el bullpen, serían barridos por aquellos Orioles que tenían como su mejor pitcher al joven de 20 años Jim Palmer, ganador de 20 juegos, con Dave McNally (13-6) y Wally Bunker (10-6), detrás.

Los de Baltimore, que ganaron 5-2 el primer juego, humillando a Drysdale, lograron tres blanqueos consecutivos, los dos últimos 1-0, para dejar al planeta béisbol con la boca abierta. Koufax fue bateado y lo mejor de Osteen y Drysdale no fue suficiente.

Los Gigantes disponen de pitcheo profundo con Tim Lincecum, Jonathan Sánchez y Matt Cain, pero ligeramente menos impresionante que la tripleta integrada por Roy Halladay, Roy Oswalt y Cole Hamels, pero el bateo de San Francisco es inferior al de los Rojos, y no se diga al de los Filis, que juntan a Jimmy Rollins, Chase Utley, Ryan Howard, Raúl Ibáñez, Plácido Polanco y Shane Victorino, con una gran cuota de experiencia.

¿Qué bateador de los Gigantes podría entrar como emergente por cualquiera de ellos? Cuidado ni por Carlos Ruiz, quien no fue incluido en esa lista. Así que, como agregado a la leve ventaja monticular, está una amplia en el cañoneo, y esa garantía que ofrece la solidez defensiva.

Para poder vencer a los Filis, estos Gigantes ofensivamente empequeñecidos, necesitan un pitcheo tan estrangulador como el de los Orioles en 1966. Eso sí, recuerden que el ataque de los Dodgers con Maury Wills, Wess Parker, Willie Davis, John Lefevbre, Ron Fairly y Lou Johnson, aunque lo suficientemente funcional para producir, no tenía el nivel de ferocidad que alcanza el de Filadelfia.

Un momento, para el primer juego a realizarse hoy, coloquen todo eso a un lado. El dos veces seguidas ganador del Cy Young, Tim Lincecum, puede fajarse y superar al fenomenal Halladay, en duelo que podría ser desequilibrado por un pellizco. ¡Diablos, cómo impactaría eso!
Éste es un duelo tipo Warren Spahn contra Whitey Ford abriendo las Serie Mundiales del 57 y el 58, Bob Gibson frente a Denny McLain en el 68, Don Gullett retando a Luis Tiant en el 75, o Jack Morris cruzando disparos con John Smoltz decidiendo la serie de 1991.

¿Qué sería lo sorprendente? Ver el bateo suelto contra cualquiera de ellos. Claro, la mejor opción la tienen los Filis, porque su line-up es verdaderamente dañino, en tanto los Gigantes, sin suficiente pólvora, van a depender más de la audacia para hacer flaquear a Halladay, el tirador de juego perfecto en la temporada y de “no hitter” en la serie con los Rojos.

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