Francisco Jarquín Soto
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El Diriangén celebró en grande, como si se tratara de haber ganado el campeonato, tras vencer 1-0 este domingo al Real Estelí en el cierre de la fase regular del Torneo Apertura, pero no era para menos, ese resultado significó la eliminación de los norteños para la fase cuadrangular, algo que no ocurría desde 2001.

Pero, ¿fue en realidad el partido contra Diriangén el causante de semejante descalabro, para un equipo que se reforzó para mantener el título nacional que ha logrado tres años seguidos?. Sólo detengámonos un momento a recordar el juego del domingo, cómo se produjo el gol por un error de marca, que dejó al delantero catracho, Darwin Ramírez, anotando el único gol en medio de tres zagueros estelianos que más bien parecían proteger a su rival.

Esa jugada refleja mucho el desempeño de la zaga en el Torneo Apertura desde su arranque. La defensa fue muy irregular, admitiendo goles en jugadas en balón estacionado, pelotas regaladas que se convirtieron en anotaciones de los rivales, un autogol inolvidable ante Ferreti, un portero suplente errático y que fue determinante en varias derrotas.

Pese a todas esas inconsistencias, Estelí fue el que menos tantos permitió en el torneo aunque eso no pesa mucho cuando lo contraponés con su ofensiva: 13 goles en 14 juegos, superando solo al equipo del último lugar, el América, con sus 9 anotaciones.

Entonces, ¿cómo podés ganar si los supuestos mejores delanteros del país (Wilber Sánchez, Samuel Wilson y Rudel Calero) son capaces de hacer tan poco en el ataque? Siendo justos solo Rudel Calero sacó la cara con cinco goles anotados. A eso sumémosle los dos penaltis fallados por Elmer Mejía y lo que pesó más, ni siquiera anotarle un solo tanto a los americanistas.

No hay duda cuando se hace tan poco o casi nada en el ataque, los errores pesan más.