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No hubo funeral. Se impusieron los Yanquis 7-2 con tres jonrones y buen pitcheo, y ahora la serie (3-2 siempre del lado de los Rangers), regresa al estadio de Arlington.

Ya decíamos, incrédulos, frunciendo el ceño, rascando nuestras cabezas, que ese equipo arrodillado, vencido tres veces consecutivamente dando la impresión de haber perdido el alma y quedado sin sangre, no podían ser los Yanquis construidos con más de 200 millones de dólares, capaces de borrar sensacionalmente una desventaja de 5 por 0 en el primer juego, y considerados previamente favoritos para avanzar una vez más a la Serie Mundial, pese a tener que enfrentar ese pitcheo mortificante de Cliff Lee.

Aunque el abridor yanqui en el quinto juego, era el zurdo C. C. Sabathia, probable ganador del Cy Young en la Liga Americana, estos desconocidos Yanquis no tenían muchos creyentes, pero se quitaron las máscaras, se aplicaron una transfusión de sangre, mostraron su musculatura, recuperaron su agresividad y se volcaron sobre el pitcheo zurdo de C. J. Wilson con un operativo de tres carreras en el segundo inning, y jonrones seguidos de Nick Swisher y Robinson Cano en el tercero.

Mientras le enyesaban el brazo zurdo a Wilson, los Yanquis estaban adelante 5-0, saliéndose de la fosa. Así que, si Sabathia sabía manejar esa ventaja por suficiente tiempo para llegar hasta Kerry Wood y Mariano Rivera, la serie regresaría a Arlington.

Y el pitcheo de Girardi respondió a la exigencia, aún sin ese gran apoyo defensivo que siempre ofrece el inicialista Mark Teixeira, mutilado como artillero sin hit en cuatro juegos, lesionado la noche anterior durante un deslizamiento en primera base.

En esta ocasión, el ruidoso y aparentemente inagotable bateo de Texas, no pudo presionar. En el quinto, Matt Treanor empujó un lanzamiento de Sabathia hacia las butacas del jardín izquierdo en la primera señal de vida enviada por los Rangers, pero los Yanquis contragolpearon de inmediato aprovechando boleto a Swisher, doble de Alex Rodríguez, pasaporte intencional a Thames, y fly de sacrificio de Berkman, moviendo la pizarra 6-1.

Texas agredió a Sabathia en el sexto con hits consecutivos de Murphy, Kinsler y Francoeur, llenando las bases. Roletazo de Treanor empujó la segunda carrera, pero el impulso se cortó cuando Mitch Moreland fue ponchado con el rancho ardiendo.

Los Yanquis no habían agotado su pólvora, y un jonrón de Curtis Granderson contra Alexi Ogando, selló el marcador 7 por 2.

Golpeados por la derrota, los Rangers agregaron otro quejido: la pérdida del temible tumba cercas Nelson Cruz, tres veces en la lista de inhabilitados durante la temporada, y –pendiente de diagnóstico- reemplazado por David Murphy en el quinto inning.

Con la posibilidad de equilibrar la serie, zigzagueando en la pista de lo imprevisto, danzando alrededor de una gigantesca intriga, nos preguntamos: ¿Serán capaces los Yanquis de completar una resurrección espectacular, obviando el pitcheo venenoso de Cliff Lee?

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