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Como diría Cortázar, de pronto cesó el viento, el tiempo se detuvo y la luna en Texas se vio dos veces más grande, mientras el doblete de Vladimir Guerrero y el jonrón de Nelson Cruz en el huracanado cierre del quinto inning, como soportes del brillante pitcheo de Colby Lewis, sepultaban a los Yanquis.

Se impusieron los Rangers 6 por 1 en el sexto duelo, porque desde siempre, el tolete manda, destruye y vence, y cuando agregas suficiente pitcheo, el adversario es pulverizado. Ustedes lo comprobaron, igual que yo, los de Texas fueron superiores a los Yanquis en todos los aspectos del juego, así que no hay forma de discutirles el mérito de avanzar por vez primera a una Serie Mundial.

Pese a ser golpeados por ese sensacional robo de botín en el primer juego, viendo saltar hecha añicos esa ventaja por 5-0, los Rangers no se llevaron las manos a la herida para sujetar la sangre, sino que arremetieron como espartanos, hasta meter a los de Nueva York en un desfiladero y eliminarlos.

Aquel alarde de agallas yanqui, fue sólo una señal de humo finalmente desvanecida. La utilidad de Mariano Rivera permaneció oculta, por culpa de la agresividad de los Rangers con Elvis Andrus siempre encendido, el bateo grueso de Josh Hamilton y Nelson Cruz, y aportes significativos de los otros artilleros, construyendo ventajas claras desde muy temprano, en tanto los Yanquis, con el cañón de Teixeira en el congelador, Alex Rodríguez reducido a casi nada, y su pitcheo abridor tambaleante, se hundieron.

Anoche, doble de Elvis Andrus, hit de Hamilton y roletazo impulsador de Guerrero, mordieron de entrada el pitcheo de Phil Hughes, un raramente poco confiable ganador de 18 juegos. Los Yanquis contragolpearon con doblete de Alex Rodríguez, flay de Berkman que lo llevó a tercera, y un wild que fue inútilmente discutido, frente a la posibilidad de haber golpeado a Swisher.

Con el marcador 1-1, todos nos sentimos en el teatro del suspenso. Sólo por un momento, porque en el cierre, los Rangers se volcaron explotando a Hughes y empujando a los Yanquis hacia la fosa. Infield hit de Moreland fue una advertencia. Andrus con roletazo lo colocó en segunda, y Michael Young con otro machucón, lo acercó más al plato. Obviamente no iban a trabajar a Hamilton, y lo enviaron a primera, pero Vladimir Guerrero, que es capaz de saltar para tirarle a una bola alta o arrodillarse para hacerle swing a un lanzamiento rastrero, conectó un doble limpia bases a lo profundo del center, y Nelson Cruz, con jonrón sobre la pared más profunda sobre lanzamiento del relevista David Robertson, puso a los Rangers con ventaja de cuatro, mientras en el séptimo episodio elevado de sacrificio de Ian Kinsler firmó el epitafio estableciendo el 6-1 en la pizarra.

Texas fue invulnerable con el estupendo pitcheo de tres hits y siete ponches en ocho entradas realizado por Colby Lewis, y el eficaz remate Neftalí Feliz cerrando el juego con ponche a Rodríguez.

Cuando cayó el telón, que lejos estaba el cielo de los Yanquis. No tenían donde acostarse. Daban la impresión de estar en un pueblo solitario buscando a alguien que no existía.