•  |
  •  |
  • END

Fueron dos rounds apenas, pero no necesitábamos más. La superioridad de Román “Chocolate” González fue tan aplastante, que nunca antes en tan corto tiempo el mexicano Francisco Rosas se vio tan chiquito. Víctima del golpeo certero y dañino del pinolero, Rosas fue derribado tres veces en ese segundo asalto, y todo terminó.

No fue algo estrepitoso como Pompeya, sepultada por el estallido del Vesubio, pero la inutilidad de Rosas –nada que ver con el púgil resistente que vimos en Oaxaca-, fue tan evidente, que de haber sonado la campana llamando al tercer episodio, el público hubiera salido huyendo dejando la arena vacía.

Como estaba previsto, en ruta hacia ese raro reconocimiento de Campeón Interino de la AMB en el casillero de las 108 libras, Román González se mostró más destructivo. Sin ver la báscula como un temible enemigo, el nicaragüense, probablemente subiendo al ring en el tonelaje de siempre, utilizó combinaciones de golpes con la derecha arriba y la izquierda abajo, apoderándose de la iniciativa y de la distancia.

Se acomodó rápido para golpear al cuerpo torpedeando las zonas bajas, y Rosas supo, desde antes del primer descanso, que sus minutos podrían estar contados de no encontrar la forma de responder apropiadamente al golpeo del nica.

¿Qué podría aplicar el azteca como variante en el segundo round? Forzosamente un mayor atrevimiento para poder incursionar en campo minado. Si se quedaba atrás, no tenía la menor opción, y aunque ir de frente a las bayonetas implicaba un gran riesgo, tendría que hacerlo, convencido que un “Chocolate” sin problemas físicos como en el 2009, podía someterlo a un intenso castigo.

Y decidió ir a las brasas retando la frialdad, dominio y poder del pinolero. Las tres caídas, casi consecutivas y parecidas, como si estuviéramos presenciando repeticiones en vivo, liquidaron el unilateral combate, sellando la rotunda victoria de González. Seguramente en la esquina de Rosas, hubo satisfacción por el recorte, en vista que evitaba innecesario castigo.

Como escribimos el sábado, se trataba de una pelea sin atractivo al carecer de intriga. “Chocolate” haría valer el peso de su contundencia exhibiendo la destreza que todos le conocemos. En la pantalla del Canal 4, Román estaba concentrado en clavar sus dardos, más en forma impecable que implacable, mientras Rosas era mansamente atrapado.

Lo que Román necesita urgentemente es que lo aceleren. Cierto, es difícil conseguir peleas con significado, pero la gente de Prodesa tiene que movilizarse para evitar que el tiempo pase silbando a la orilla de las estupendas facultades del nicaragüense.

Y hay que apurarse para que no se detenga mucho tiempo en las 108 libras, y pueda saltar a las 112, para establecer su reinado. Obtener la triple corona en las categorías pequeñas, un largo sueño inconcluso para Rosendo Álvarez está al alcance de Román, pero antes debe instalarse en la cima de la montaña en mini-mosca, darle brillo a ese cinturón, y luego lanzarse al siguiente asalto.

Frío, pensante y aniquilante, así se vio ayer en Japón, Román “Chocolate” González.