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Carlos García, desde su silla de ruedas hará el primer lanzamiento de la Liga Profesional. Un reconocimiento a lo que ha significado para nuestro béisbol.

Un hombre viviendo cada día como si fuese el último de su existencia, desesperado por sacarle el máximo provecho al tiempo, optimista incurable, ese ha sido por siempre el Carlos García que comencé a conocer en 1970, justamente cuando daba mis primeros pasos en la crónica deportiva.

¿A cuántos minotauros ha matado para salir de tantos laberintos a lo largo de su vida?.. Nadie lo sabe, pero estuvo indoblegable en la cárcel atravesando por dos prisiones injustas, primero en tiempos de Somoza, 155 días, luego con el Frente casi cuatro años y medio, y más adelante, se sintió como un náufrago en el gobierno del doctor Alemán.

Pero éste es el hombre que fue capaz de organizar tres campeonatos mundiales de Béisbol, una Súper Copa y varios torneos de envergadura, así como peleas por título mundial, en este “paisito” como nos recuerda constantemente Guillén, para que no se nos olvide.

Ha sido Carlos, el más grande dirigente deportivo que por aquí hemos visto. Desgraciadamente, lamentablemente, dramáticamente, todos terminamos atrapados por el desgaste y las circunstancias, sobre todo cuando los factores adversos se amontonan y se nos vienen encima.

Pero los hechos son testarudos, y permanecen por encima de las arenas del tiempo esquivando los embates del viento, y lo hecho por Carlos en nuestro béisbol a través de su fructífera gestión de largos años retando todo tipo de dificultades, merece ser relatado por Píndaro.

El Mundial del 72 parecía un sueño imposible, y el del 73 después del terremoto que desbarató Managua, fue calificado como una locura... En los dos casos derrotó al escepticismo, y cuando su entusiasmo y su fe en el futuro no fueron marchitados durante cuatro años y medio de prisión en los años 80, tuvo aliento, destreza y voluntad de hierro para organizar otro Mundial en 1994, quizás el último de nuestra historia.

Nunca su familia estuvo adelante de su pasión por el béisbol, jamás sus problemas de salud le recortaron un día de empeño en busca de construir un gran evento. Para él, todo fue siempre redondo, con costuras, y empacado en una caja cuadrada... Cada problema estaba a 60 pies de la colina de los infartos, y aprendió a convivir exitosamente con lo impredecible.

Carlos es el mayor de 6 hermanos, hijos de un oficial del ejército... "Me incliné hacia lo militar por vocación. En mi casa siempre estaban uniformes secándose al sol sobre los alambres, aunque mi padre, Carlos Manuel nunca trató de incidir en ese sentido. Alejandro y yo, seguimos sus huellas incursionando al terrero de lo militar y fue para mí una decisión acertada, una gran escuela, y sobre todo una experiencia útil y saludable", me dijo una vez.

Se asegura que Heráclito lloró amargamente cuando comprobó que todo cambia, que nada es permanente, que incluso no somos los mismos mientras caminamos, que después de cerrar los ojos, cuando los abrimos el mundo es otro... Lo importante, lo decisivo es despertar, y hoy a la 1 de la tarde, Carlos estará bien despierto al lanzar la primera bola en el Estadio Nacional y el “Chocolatito” la estará recibiendo.