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En el último grito del drama, cuando la brillantez exhibida por el Real Madrid frente al Milan parecía estar secuestrada y sin escape, el gol de Pedro León sobre la entrega inmediata de Benzema, estableció el empate 2-2. Casi por llorar, José Mourinho sintió que salía del hoyo con su ego intacto, porque aunque el Madrid sigue sin vencer en San Siro, no pierde ni en la Liga ni en la Champions desde que el portugués se hizo cargo de su conducción.

Con un posible desenlace tan inesperado en las narices, el desconcierto era total. ¿Cómo explicar esa ventaja del Milan por 2-1, faltando sólo minuto y medio del tiempo de reposición, pese a ser claramente superado por un rival de mejor manejo, mayor oficio, más contundencia y capaz de multiplicar posibilidades?
La explicación era sencilla: culpa de dos maniobras de aprovechamiento con precisión de reloj suizo -una de ellas fuera de juego-, realizada por Pipo Inzaghi, un goleador inagotable aún batallando con el desgaste a sus 37 años, sacado del banco para reemplazar al inadvertido Ronaldinho en el minuto 60. Su oportuno cabezazo sobre un despeje irregular de Casillas a los 68, y la filtrada en off side, recibiendo de Gatusso, cacheteando la pelota por abajo, con el árbitro buscando el pito en su garganta sin encontrarlo a los 78, adelantaron al Milan 2-1, sorprendentemente.

¿Qué es lo que habíamos visto? Un Real Madrid espectacular durante la primera media hora, fabricando posibilidades de gol que podrían haber desinflado por completo al adversario, desplegando un fútbol pujante y presionante la mayor parte del tiempo durante el resto del trayecto, con ventaja de 1-0 hasta el minuto 68.

Un Madrid que, increíblemente, pese al remate de Higuaín neutralizado por la zambullida de Abbiati, el cabezazo hacia abajo de Pepe que saltó sobre el horizontal, el milagroso doble rechazo de Pirlo en la propia raya frustrando el cabezazo de Higuaín y el remate de Di María, y el agregado de ese impacto que sacó astillas del poste derecho, provocado también por Higuaín, estaba viendo esfumarse el primer tiempo con ese mortificante 0-0 en la pizarra. Finalmente, con el árbitro Webb por enviar el juego al descanso, consiguió con un pase maestro de Di María a Higuaín por la derecha, y certero remate, el primer gol del juego. Un probable 3-0 se vio reducido a un 1-0 riesgoso.

Los dos goles de Inzaghi, colocaron al Madrid contra las cuerdas mientras el tiempo avanzaba inexorablemente y la desesperación ahogaba a Mourinho. El árbitro Webb que se tragó la aplicación de dos tarjetas rojas, facilitó un alargue de cinco minutos, lo suficientemente extenso para que el Madrid –aún sin el aporte habitual de Cristiano Ronaldo- saliera de las brasas. Faltando apenas minuto y medio, una jugada bien trazada hace justicia: Benzema recibe de Xabi Alonso desde atrás y cruza rasante hacia la derecha para la entrada de Pedro León, facilitando el taponazo que pasa zumbando entre las piernas del arquero Abbiati, estableciendo el 2-2 salvador. Ese empate casual, no oculta que el Real Madrid fue más equipo que el Milan en casi todos los momentos del juego.


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