•  |
  •  |
  • END

¿Quién entre nosotros no está interesado en empinarse y tratar de asomarse en el probable futuro de Everth Cabera? Después de un llamativo arranque como big leaguer, con .255 puntos, consecuencia de 96 hits, incluyendo 18 dobles, 8 triples y 2 jonrones, más 25 robos y 59 anotadas en 377 veces al bate durante 2009, Cabrera se derritió dramáticamente en su segunda temporada, punto neurálgico para un prospecto según la mayoría de los expertos, deslizándose hasta .208 de average, completamente inutilizado, y enviado al banco la mayor parte del tiempo después de la contratación del veterano Miguel Tejada como paracorto.

La excitación de los Padres con las señales de Cabrera en su presentación de credenciales, después de ser obtenido de Colorado por la aplicación de la Regla 5, estaba plenamente justificada. Considerado un factor de agitación en el equipo de San Diego, Cabrera capturó la atención y se convirtió en la gran posibilidad de crecimiento para 2010.

¿Hasta dónde podría avanzar el sorprendente pinolero nacido en Nandaime? Alrededor de esa interrogante giraron múltiples expectativas. Almorzando en mi casa con Eduardo Ortega, el locutor en español de los Padres, lo escuché expresar inyectado de optimismo, que en 2010 veríamos lo mejor de Cabrera, una vez completada su adaptación en las Mayores.

Ni Ortega, ni alguien por aquí, sospecharon que los Padres, con un pitcheo sólido, saltarían a la esfera de grandes competidores por el título del Oeste en la Liga Nacional. Esto elevó las exigencias sobre los peloteros del equipo, que semana tras semana se sostenía en la cima de la montaña, burlándose de los vaticinios.

Cabrera, el prospecto, frenó su crecimiento, y estuvo trabado ofensivamente, llegando a caer de los .200 puntos. El tiempo pasaba y él permanecía volando bajo.

Al caer el telón con los Padres siendo eliminados a última hora, era obvio que Everth necesitaba un curso intensivo de adiestramiento en el plato, ¿y qué mejor opción que jugar en la Liga invernal Dominicana?
No se iba a encontrar en ese béisbol con tiradores como Halladay, Lincecum, Santana, Ubaldo Jiménez y tantos otros casi prohibidos, que brillan en las rotaciones del viejo circuito, así que podría realizar ajustes y funcionar, como lo hacía Marvin Benard cada vez que era enviado a Triple A, o se fajaba en el Caribe.

Pero con Licey, Cabrera, movilizado al noveno turno en el line-up, sigue congelado como lo demuestra ese .125 de promedio, por ahora. Obviamente, de no enderezarse y mostrar su utilidad, en una liga tan corta y poco tolerante, Cabrera corre peligro.

Si no se establece en el nivel caribeño, en el cual David Green fue Campeón de Bateo en México y hasta All Star en una Serie precisamente con Licey, la preocupación de los Padres, y la nuestra, va a crecer.