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Encanto, poder, destreza, malicia, audacia, ritmo frenético, todo eso se logra juntar en el explosivo paquete que el filipino Manny Pacquiao ofrece a las multitudes en cada una de sus peleas. ¡Claro que vale la pena pagar por verlo en acción! Es el más grande fabricante de emociones entre las cuerdas que podemos imaginar, y seguramente, volverá a demostrarlo hoy en el fabuloso estadio de Dallas, cuando enfrente al mexicano Antonio Margarito.

¿Qué es lo seguro en el boxeo actual? Sólo el impacto que siempre provoca un púgil con las características de Pacquiao. Es el Lionel Messi del boxeo. Su catálogo de recursos es inagotable.

Hay cierto temor, prudente pero inevitable, por el superior peso de Margarito –posiblemente más de 10 libras en el ring cuando llegue la hora de las bofetadas-, y las ventajas que tiene en antropometría con sus brazos largos y mayor estatura, pero que no carcomen la confianza en las facultades de Pacquiao y el uso adecuado que hace de ellas edificando sus estupendas ejecutorias.

¿Qué será más decisivo esta noche, las diferencias físicas que favorecen a Margarito, o las boxísticas que abrillantan a Pacquiao? Pienso que el filipino manejará con suficiente habilidad esa flexibilidad que le permite cambiar los ángulos, recortar distancias, realizar sus rápidas y certeras combinaciones de golpes, provocar desajustes y adueñarse del ritmo del combate, para prevalecer.

Es posible que Pacquiao no pise el acelerador muy temprano, buscando cómo ubicarse de acuerdo a las propuestas ofensivas de Margarito, quien sí estará interesado en hacer sentir el peso de su contundencia, intentado imponer respeto y evitar que Pacquiao logre establecerse, lo cual sería muy grave para las pretensiones del azteca.

Puede que los primeros asaltos sean intrigantes, a menos que Pacquiao, revestido de audacia, salte como un tigre a presionar tomando todos los riesgos imaginables, y obligue a Margarito a pelear en corto, dificultándole el desarrollo de sus brazos, restándole potencia y posibilidades.

No me sorprendería, pero quizás ese estratega que es Fredie Roach, no lo apruebe, y prefiera avanzar en principio sobre el terrero de la cautela, mientras toma las medidas necesarias para desarrollar un trabajo apropiado frente al cañoneo de un rival más pesado, más potente, más resistente.

Los factores de motivación están equilibrados. La victoria tiene un inmenso significado para Margarito por la repercusión que provocaría, y por supuesto, la elevación de su valoración como pugilista; en tanto, Pacquiao seguiría haciendo historia con un recorrido sin precedentes en el boxeo, y un resplandor de invencibilidad casi cegador.

La gran opción de Margarito en su punch. Consciente de eso, un peleador como Marciano, con una determinación de espartano buscaba el nocaut casi con desesperación, y se mantuvo invicto a lo largo de 49 combates, saltando sobre todo tipo de “cadáveres”.

Embestir desde que suene la campana, es lo que tiene que hacer Margarito contra viento y marea; torear es lo que Pacquiao tratará de hacer y puede hacerlo. Por eso es favorito, sin ignorar el peligro que lo rodea.


Pago por ver eso.


dplay@ibw.com.ni