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Tal vez no exista un premio en las Grandes Ligas que suscite tantas críticas y burlas como el Guante de Oro.

Esta semana, cuando Derek Jeter fue declarado como el mejor campocorto defensivo por quinta vez, el sitio dedicado a las estadísticas Baseball-Reference.com respondió con ironía. Al colgar la lista de ganadores, los editores del portal escribieron al lado del apellido Jeter: "Tampoco podemos creerlo".

¿Quiénes votan por estos premios que se reparten desde 1957?
Lo hacen los managers de los 30 equipos, con la única salvedad que no pueden hacerlo por jugadores de sus novenas.

Cuando se le cae encima a las decisiones, el principal reproche es que los premios se conceden como si fuesen un concurso de popularidad, en el que la reputación y la fama de determinado candidato se imponen.

El caso más famoso se dio en 1999 cuando Rafael Palmeiro recibió el premio como mejor primera base, pese a que en ese año sólo se desempeñó en 28 partidos en la posición, mientras lo hizo en 135 como bateador designado.

Jeter no es un mal torpedero y es un mérito que a sus 36 años haya tenido un porcentaje de fildeo de .989, el mejor de su carrera.

Pero recurrir a esa estadística como única justificación es un pecado, porque se ha hecho notorio que el alcance de Jeter en su posición ha ido mermando.

Y lo avala la nueva estadística UZR, que sirve para medir la capacidad del fildeador de llegar a pelotas en su "zona" de juego. Resultó que Jeter quedó séptimo este año en su circuito, sideralmente lejos del primer lugar, ocupado por el cubano Alexei Ramírez, de los Medias Blancas de Chicago.

Alguien debe levantar la mano y pedir un cambio en la votación. En vez de los managers, una opción válida es crear un grupo de expertos que le pase revista a todas las estadísticas para evitar caer en criterios subjetivos.