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Un gato lanzando zarpazos desde los ángulos menos previsibles, desbordando por los costados, atacando con veloces combinaciones de golpes. Sobreviviendo a dos momentos dramáticos en los que casi es derribado, saliendo fantasmalmente de las dificultades y regresando con precisos contragolpes, moviéndose permanentemente, cambiando de dirección y girando, adueñándose del centro del ring y manejándose con habilidad en las sogas, desfigurando con su golpeo el rostro de Antonio Margarito, mostrándose piadoso en un cierre sin aceleración, el filipino Manny Pacquiao fue un diablo anoche en el fabuloso estadio de los Cowboys en Arlington. Se impuso por amplia decisión unánime, incluyendo incesantes acribillamientos, mientras dejaba constancia de una superioridad abrumadora.

Margarito es un peleador muy corto de ideas y recursos, y pese a sus ventajas en estatura y alcance, sólo en ciertos momentos consiguió la distancia requerida para realizar descargas potentes, aunque sin la continuidad necesaria, lo que facilitó que Pacquiao escapara de diferentes maneras y rápidamente recuperara las riendas del combate.

Como se esperaba, el mexicano supo asimilar el golpeo del filipino, pero no evitó el daño en su rostro, terminando con un peligroso corto debajo del exageradamente hinchado ojo derecho.

Sin poder soltar sus brazos y con Pacquiao disparando combinaciones, Margarito se vio superado en el primer asalto; lanzado con más decisión, el mexicano envió algunas señales de ser capaz de complicar al filipino en la segunda vuelta, pero terminó refugiándose en la timidez; el ritmo decreció un poco en el tercer round con Pacquiao tratando de conseguir mayor seguridad y Margarito buscando la distancia. En el cuarto, Pacquiao, más activo y con mayor decisión, mantuvo desorientado a Margarito, y en el quinto se mostró incontrolable con sus descargas, reduciendo drásticamente al rival como amenaza.

Todavía era temprano para que todo estuviera escrito. En el sexto, Margarito salió de las ruinas en las que se estaba ocultando y atacó violentamente a Pacquiao llevándolo a un punto de debilitamiento que provocó alarma, pero el filipino, en un alarde de agallas, utilizó su audacia para gritar ¡aquí estoy! y presentar pelea sin buscar el amarre.

En el séptimo, Margarito no pudo volcarse, cedió espacio, y Pacquiao reaccionó, pese a recibir una poderosa derecha en el costado izquierdo de su rostro; el filipino volvió a ser sacudido en el octavo, pero fue a fondo en un furioso cambio de golpes, y en el noveno estuvo magistral en medio del desgaste provocado saliendo con gran facilidad y atacando con esas combinaciones casi computarizadas, hasta de 4 ó 5 golpes consecutivos.

Margarito fue golpeado inmisericordemente en el décimo, y casi sin poder ver, resistió contra viento y marea en el round once, peleando casi derretido el último asalto, sin saber hacia dónde ir y qué esperar mientras una sombra revoloteaba a su alrededor enloqueciéndolo. Las tarjetas señalaron 119-109, 120-108 y 118-110.

Sin visión clara y con un agudo dolor hasta en sus talones, Margarito puede haber caído de su cama al amanecer, tratando de esquivar el cañoneo incansable y certero del efectivo, audaz y corajudo Pacquiao, aparentemente sin rivales en el firmamento boxístico.

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